Coronación: "Fuimos pioneros, y en Córdoba se nos criticó"


Ángel Guirao Muñoz, durante una actuación de Coronación de Espinas.

Uno de los nombres que forman parte de las dos décadas de historia de la banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas es el de Ángel Guirao. Solista y responsable de contratos de la formación de San Antonio de Padua, lo más importante de la banda para él es que siguen siendo “una gran familia”. Y es que cuando se acerca a las tres décadas tocando la corneta, su vida suena a marchas como Te coronaron de espinas, aquella pieza cuyos ecos aún resuenan para el Señor del Soberano Poder de San Gonzalo, cuando Coronación rompió todos los moldes preestablecidos y debutó en Sevilla.
-¿Cómo empieza en Coronación de Espinas?
-La banda tiene 20 años y yo empecé hace 18. Fui uno de los fundadores de la antigua del Caído y, al cuarto o quinto año, hubo un problema bastante grande y unas 30 personas decidimos irnos. Y decidí que no quería tocar más la corneta (llevo tocando desde que tenía 12 en la banda extinta del Figueroa y tengo ya 41). Después, un amigo -Juanma Revuelto- me dijo que me pasara por un ensayo de Coronación. Era por diciembre y la Semana Santa caía en marzo. Había un ambiente familiar y decidí quedarme. Y hasta hoy.
-¿Cómo era aquella banda?
-Éramos niños. Había chavales con 7 y 8 años. Una familia. Los más grandes hacíamos de padres. Recuerdo que había un niño del Zumbacón que llegó un día con un dolor de barriga muy grande y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que no había comido en todo el día y lo llevé a un restaurante que había cerca para comprarle un bocadillo. Era una familia, por completo. La banda estaba muy arropada por la hermandad. Costaba conseguirlo todo mucho (trajes, instrumentos, etc.), pero era otro concepto más ameno y había mucha unión. Salíamos de fiesta juntos, incluso. Y eso me llamó la atención.
-¿Se ha perdido?
Qué va. Seguimos igual y ahora salen nuestros hijos juntos y el grupo de los que quedamos seguimos igual. Somos una gran familia, ya que hemos transmitido ese concepto.
-Ha sido un elemento fundamental para comprender a la banda.
-Completamente. Piensa que nosotros pasamos unos años malos porque tomamos decisiones que fueron criticadas y mantuvimos nuestra línea. Y, a día de hoy, ha dado sus frutos. Si no hubiéramos sido una piña, lo hubiéramos pasado muy mal porque no todo el mundo aguanta críticas. La siguiente generación ha heredado nuestro concepto y se juntan como lo hacíamos nosotros. Y, muy importante, siempre en la hermandad.
¿Cómo fue la llegada de Pedro M. Pacheco?
-Fue aire fresco. Veíamos que la banda estaba estancada y necesitaba un cambio. Entonces ninguna banda estaba definida. No existía una banda que tirase o todo por Cigarreras, o todo por Triana o todo por el Sol; aunque la Fuensanta estaba más definida por el Sol, pero tenía de todo como nosotros. Pedro trajo un cambio drástico. Afinábamos una vez al año, como todas, y él introdujo la afinación, por ejemplo. Llevamos 17 años y es un camino que tenemos más que recorrido. Abrimos los ojos. Nos dejamos llevar de su mano, aun sabiendo el sacrificio que suponía. Y pasamos de sonar con una potencia brutal, cambiando el chip a todos los músicos, a tocar bajo pero afinados. Y tardamos tres años. Fue cuando realmente sentimos lo que era la corneta. Él trajo los conceptos que había en Cigarreras. En Córdoba fuimos muy criticados, pero fuera fue bien acogido. Todo lo hicimos por un motivo. Y comenzamos ha desmarcarnos de lo que había en la calle y creo que, a día de hoy, lo seguimos haciendo. Seguimos el estilo cigarrero fielmente. Pedro fue muy importante, al igual que ahora lo es Vicente, que le ha dado otro cambio que le hacía falta a la banda. Es el corneta más técnico que hay, con diferencia.
-En aquellos primeros años llega para Coronación la magna de Sevilla y San Gonzalo.
Foto: Coronación de Espinas

-Mi frase aquel día, y creo que lo expresa todo, fue “ya puedo colgar la corneta”. Ya cuando firmamos el contrato se creó una gran incertidumbre. Ten en cuenta que, en aquel momento, suplantamos a bandas que eran top, estaban más que en la cima. Se ofrecían gratis y nos llamaron a nosotros porque éramos los más parecidos a Cigarreras, aunque con menos miembros. Aquella procesión no se me olvidará en la vida. No descansamos. Teníamos relevos, pero la gente no se quería salir y, con dos horas menos de recorrido, tocamos tres marchas menos que Cigarreras. Los miembros de la banda terminaron llorando de emoción aquel día.
-En todo este tiempo, en qué han cambiado las bandas.
-En todo. La forma de trabajar, el pensamiento… Antiguamente llegabas, montabas la marcha y todo era tocar y tocar. No se matizaba. Hoy se busca otro tipo de ensayo y forma de ejecutar. El que tiene fuerza no renuncia a ella, pero suena más afinado. Ha cambiado, además, la metodología. Nosotros fuimos los primeros en buscar un director musical de fuera, después han venido todos. Pero todo tiene un porqué. Lo que antes se criticaba ahora se ve con normalidad ¿Qué problema había con ir a buscar a Sevilla? Ahora, las bandas más potentes de Córdoba han buscado directores de fuera. Ha cambiado la forma de escribir, interpretar y montar.
-Habéis tocado en muchos sitios, con qué recuerdos se queda.
Coronación
Actuación conjunta de las Cigarreras y Coronación de Espinas./Foto: Luis A. Navarro

-De Granada, con la Lanzada porque me gustó mucho el ambiente porque se parecía a la Merced. Este año creo en el Amor de Jerez vamos a disfrutar mucho. Tocar en las Angustias, después de 27 años con banda de música, fue un momento muy emotivo. En Málaga me impresionó la grada de los pobres. Huelva es espectacular.
-De todas las marchas que ha interpretado, con cuál se queda.
-Es muy difícil. A mi padre no le gustaba mucho la Semana Santa, era más de flamenco. Pero una vez que vino a verme fue cuando estrenó Cigarreras Madre de Dios. Fue el primer hermanamiento, por así llamarlo, que tuvimos. Y él me dijo “esta canción (sonríe), me gusta mucho”, en especial el solo. Cuando murió y montamos la marcha dije: “este solo lo voy a hacer yo”. Fue la única marcha que me dijo que le gustaba y me reconforta tocarla. Me llena.

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