El día de San Juan Pablo II


San Juan Pablo II
San Juan Pablo II, ante la Virgen del Rocío./Foto: LVC

Santo Sùbito. Estas dos palabras fueron muy pronunciadas en la Plaza de San Pedro del vaticano tanto el 2 de abril de 2005 como en los días posteriores a su fallecimiento. Una percepción popular que no erró y, poco tiempo después, Juan Pablo II era canonizado por la Iglesia. Así su sucesor en la sede de Pedro, Benedicto XVI, lo beatificaba el 1 de mayo de 2011; mientras que el Papa Francisco lo elevó a la categoría de Santo, junto a Juan XXIII, el 27 de abril del 2014. Gracias a ello, el 22 de octubre, se celebra su festividad.
El conocido como Papa viajero visitó, durante su largo pontificado de casi 27 años y que es el tercero más amplio de la historia, visitó España hasta en cinco ocasiones. La primera tuvo lugar en 1982 y estuvo en Madrid, Ávila, Alba de Tormes, Salamanca, Guadalupe, Toledo, Segovia, Sevilla, Granada, Loyola, Javier, Zaragoza, Montserrat, Barcelona, Valencia, Moncada, Alcira y Santiago de Compostela. Dos años más tarde, San Juan Pablo II estuvo apenas 16 horas, haciendo escala en Zaragoza. Fue recibido por el rey y se postró ante la Virgen del Pilar. Mientras que, en 1989, el Pontífice llegó a Santiago de Compostela para clausurar la IV Jornada Mundial de la Juventud y también acudió a la gruta de Covandoga. Un multitudinario encuentro con jóvenes en la Base Aérea de Cuatro Vientos fue el motivo de su quinto y último viaje en 2003.

San Juan Pablo II, el Papa rociero

San Juan Pablo II lloró ante la Virgen del Rocío./Foto: LVC

La más especial de sus visitas a España, para muchos andaluces, fue la que Su Santidad realizó en junio de 1993. En aquella ocasión, el Papa vino para la clausura del 45 Congreso Eucarístico Internacional, que se celebró en Sevilla. En la capital hispalense ordenó a varios sacerdotes, entre los que había algunos cordobeses. San Juan Pablo II, también consagró la Catedral de la Almudena de Madrid, donde se halla un crucificado del imaginero cordobés por excelencia, Juan de Mesa.
Sin embargo, el momento más recordado de aquella estancia fue su visita Huelva y, en especial, al santuario de la Virgen del Rocío. En la ermita lloró ante la Blanca Paloma, bendijo los simpecados de las filiales y envió un recordado mensaje, desde un balcón expresamente construido para su alocución: “Queridas hermanas y hermanos rocieros, me siento feliz de estar con vosotros en esta hermosa tarde, aquí, en este paraje bellísimo de Almonte y ante este bendito santuario, en el que acabo de orar por la Iglesia y por el mundo. Antes de bendeciros, alabemos juntos a María: ¡Viva la Virgen del Rocío!, ¡viva la Blanca Paloma!, ¡que viva la madre de Dios!”. Los ecos de las ovaciones que recibió San Juan Pablo II, aún resuenan en la memoria de quienes estuvieron presentes.

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