El vicario a los peregrinos: "En los jóvenes de nuestra diócesis hay ganas de ponerse en camino"


Francisco Orozco dedica palabras de aliento a los jóvenes que realizan la 22 peregrinación diocesana a Guadalupe

Mansos y humildes como María. Así ha comenzado su homilía el vicario general de la diócesis, Francisco Orozco. Éste ha recordado el lema de la 22 peregrinación de los jóvenes a Guadalupe, que ha comenzado en la mañana de este viernes en la Catedral de Córdoba. Ante una multitudinaria presencia de peregrinos, el sacerdote ha destacado esta experiencia que “tantos frutos y vocaciones ha ofrecido, en todos los estados, a la Iglesia”.
Orozco ha recordado que este año se ha batido récord de asistencia, “lo que quiere decir que en el corazón de los jóvenes de nuestra diócesis de Córdoba hay vida, movimiento y ganas de ponerse en camino. Ganas de ser protagonistas y de construir historia, paz y esperanza”. Asimismo, el vicario ha desvelado que esta mañana el obispo -que no ha podido estar presente porque se halla en Tierra Santa-, “ofrecerá hoy la Eucaristía y todas las actividades por vosotros. Mis mejores saludos y bendición para todos los jóvenes que van a Guadalupe, me decía. Que se enamoren de la Virgen”.
“Nos ponemos en camino. La Palabra de Dios es el principio del camino”, ha recordado el vicario, para recalcar la importancia de ese “camino”, en el que siempre insiste el Papa Francisco. Mientras que ha repasado la carta pastoral del obispo, donde el prelado pone de relieve el papel protagonista de los jóvenes.
“Nos acordamos de aquella primera peregrinación que hicimos a Guadalupe”, ha proseguido Orozco; quien ha recordado que el actual rector del Seminario Mayor y canónigo de la Catedral -concelebrante en la misa-, Antonio Prieto, era seminarista. Así como él mismo era un joven sacerdote. En ese sentido, el vicario ha subrayado que “esta peregrinación, que hoy iniciamos, es una analogía de la existencia humana”. Y ha destacado que esta acción sirve para “encontrarnos con nuestra identidad. Hemos nacido para llegar a los brazos de Dios”. Por eso, “comenzamos el camino hacia la Virgen de Guadalupe en manos del Señor”.

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