Jiménez Güeto: "No se puede ser cofrade, si no se es cristiano"


El canónigo ha puesto de relieve tanto la misión de las hermandades como aquellos aspectos en que las corporaciones deben incidir para seguir creciendo en su carisma eclesial

Jiménez Güeto
De izquierda a derecha: Joaquín de Velasco, José Juan Jiménez Güeto y Rafael Guerra./Foto: Rafael A. Ojeda

Los Miércoles del Calvario han continuado con la segunda ponencia, de las tres que hay programadas para este mes de octubre. La misma ha corrido a cargo del canónigo de la Catedral de Córdoba y párroco de la Trinidad, José Juan Jiménez Güeto.
Tras unas palabras del hermano mayor de la corporación del Miércoles Santo, Rafael Guerra, la presentación del ponente ha corrido a cargo de Joaquín de Velasco. Éste ha repasado la trayectoria del sacerdote, de la que ha destacado los valores espirituales que atesora y ha puesto de relieve que fue ordenado por San Juan Pablo II. Así como su fuerte vinculación con las cofradías, ya que es consiliario de las que integran su parroquia. Asimismo, tampoco ha pasado por alto el compromiso periodístico que le ha caracterizado siempre.
Jiménez Güeto ha comenzado su exposición, explicando lo que la Iglesia piensa y pide a los cofrades. En este contexto, el sacerdote ha destacado la primera carta pastoral dirigida a las cofradías de Córdoba por parte de un obispo, la que realizara Juan José Asenjo. Éste ponía de relieve que la religiosidad y piedad popular ha generado en esta tierra un humus, que ha impedido que prolifere con tanta facilidad la mentalidad secularizadora que, por desgracia, sí se ha expandido en otras regiones españolas. El párroco de la Trinidad ha hecho hincapié en que “las hermandades son asociaciones públicas de fieles, no un grupo de amigos”. Y ha destacado que, en ocasiones, en el seno de las mismas falta ese “fondo”, para que la persona viva adecuadamente su vida cristiana. “No se puede ser cofrade si no se es cristiano. No nos podemos quitar el traje de cristiano. Es el hecho diferencial”, ha recalcado. En consecuencia, el canónigo entiende que las cofradías “podemos aportar mucho a la sociedad”.
La segunda de las notas que han marcado la intervención de Jiménez Güeto ha orbitado en torno a las tareas que deben afrontar las hermandades. Entre ellas, ha enumerado la vida espiritual, practicar la caridad, jerarquizar y alimentar la vida litúrgica (“no se puede priorizar la estación de penitencia sobre los cultos”, ha subrayado en ese aspecto), así como vivir la devoción y el culto a María. A éstas hay que sumar la intensificación de la evangelización, vivir la pasión de Cristo como una llamada a la conversión, actuar con conciencia eclesial y salvaguardar la identidad cristiana, en relación con la cultura.
Por otra parte, Jiménez Güeto ha destacado el camino a seguir “hacia una renovación”. Para lo que es necesario tener una fe misionera, fundada, enraizada y, ante todo, eclesial. A lo que ha seguido una breve perspectiva de la historia cotidiana de las hermandades. Mientras que otro de los aspectos que ha abordado el párroco de la Trinidad es el aspecto relacionado con el culto. “Deberíamos poner más atención en el culto interno, donde los hermanos puedan tener momentos de oración ante sus titulares”. Asimismo, Jiménez Güeto ha recordado la importancia de los cabildos de las hermandades, como órgano supremo de éstas. A ello hay que sumar claves tan importantes como las formativas y las comunicativas, las cuales han sido objeto de análisis de la ponencia.
En el ámbito de la acción social, el canónigo ha valorado positivamente todo el trabajo que las corporaciones vienen realizando en la labor asistencial. Si bien, ha recordado la necesidad de ser más creativos en esta parcela. Asimismo, la parte final de su intervención ha versado sobre los factores que influyen en la participación de los cofrades tanto en sus hermandades como en sus parroquias y ha aportado un buen número de ideas para seguir creciendo en todos los aspectos que ha abordado, durante una intervención que ha sido muy aplaudida.