Antonio Varo: "He procurado decir las cosas tal y como las pienso y recuerdo"


Antonio Varo Pineda presenta su nuevo libro “el cirio perdido”, en el que narra sus vivencias como cofrade y la evolución de la Semana Santa de los años sesenta a los ochenta

Antonio Varo
Portada del libro de Antonio Varo.

(Joaquín de Velasco). Antonio Varo Pineda, Catedrático de Lengua Española, ha sido hermano mayor de su hermandad de la Misericordia, pregonero de la Semana Santa cordobesa, y pionero en información de cofradías en medios de comunicación. El viernes presenta en el centro parroquial Carmen Márquez Criado, de la parroquia de la Trinidad, su nuevo libro “El Cirio Perdido”.
-Antonio Varo ha sido autor de numerosos libros de cofradías. ¿Qué hay de nuevo en «El Cirio Perdido»? ¿Qué encontrará el lector?
-Pues que este es el más personal de todos ellos. En él no había un plan establecido o un guión previo, sino que me puse a escribir mis recuerdos. Es la visión de la semana santa de Córdoba bajo el cubrerrostro. El lector encontrará casi todo lo que yo recuerdo, desde que yo vestí por primera vez la túnica, en el año 1962, hasta el año 1986. Momentos, episodios, situaciones, personas…
-Sigue vistiendo la túnica en la actualidad. ¿Por qué concluye el libro en 1986?
-Porque en junio de ese año fui nombrado hermano mayor de la Misericordia, y poco después comencé a escribir en Diario Córdoba, lo que en cierto sentido me retira de la visión de mero espectador. Además quizás empecé a perder esa cierta inocencia con la que se mira la Semana Santa.
-¿El paso del tiempo le lleva a una mirada benévola de lo acontecido en ese periodo? ¿o es crítico en el libro?
-El paso del tiempo suaviza las cosas, pero de algunas, las cicatrices siguen estando. He procurado no hacer daño, pero sí decir las cosas tal y como las pienso y recuerdo.
-¿Deja algo en el tintero de esos tiempos?
-No intencionadamente. Aunque después de escrito me he dado cuenta de que hay dos o tres cosas más que podían haber entrado. A lo mejor he suavizado alguna expresión que originalmente era de otra forma. Pero no he quitado nada de lo que recordaba en el momento de escribir.
-El tratado en el libro es un periodo poco conocido para las nuevas generaciones. ¿Cómo era Córdoba y su semana santa entonces?
-Cuando empiezo la narración, en el año 62, yo tenía seis años. Lo veía todo con la ilusión infantil. Pero después me enteré de que la Semana Santa en Córdoba estaba bajo mínimos, hasta el punto que a partir de ese año el Huerto estará catorce semanas santas sin salir. Incluso la hermandad de la Misericordia no iba a salir ese año, y ni siquiera figura en el programa oficial. Finalmente salió organizándolo todo a partir del Domingo de Ramos. Estábamos en una época de profunda crisis. Hasta principio de los setenta no empezó a mejorar, cuando se reorganiza la hermandad del Nazareno, se gesta la fundación del Vía Crucis y el buen suceso, etcétera. Eso anunciaba la eclosión que llegaría después.
-¿Y cómo se ve la semana santa desde los ojos del nazareno?
Antonio Varo.

-No puedo ser objetivo. Por suerte o desgracia –yo creo que suerte-, todos mis recuerdos están enmarcados en la situación del nazareno. Desde dentro, como en cualquier ámbito de la vida, se ven las cosas con más comprensión para los fallos y mayor satisfacción para los aciertos. Pero esto no debe quitar el espíritu crítico y reconocer cuando se han hecho las cosas mal.
-De esos años de plomo hemos pasado a una eclosión de las cofradías, pero ¿hemos mejorado en todo?
-En los años en que empieza el libro había muy poco en lo patrimonial, evidentemente con excepciones como Angustias o Dolores. Tampoco existía la preocupación por la exquisitez, sobre cómo tiene que ir un acólito o como hacer un giro. Indudablemente hemos ganado en lo patrimonial, pero creo que hemos perdido en el fondo humano. El cofrade de aquella época no ponía en duda su condición de fiel cristiano, ni se le planteaba la posibilidad de que un miembro de una junta de gobierno no fuera a misa un domingo. Eso lo hemos perdido. La sociedad en general ha perdido su formación religiosa. . Ahora hay en los grupos jóvenes miran con todo cuidado las chicotás o el ángulo de cirial, pero en su instituto no eligen la asignatura de religión.
-En aquella época la relación con la Iglesia con las cofradías también es diferente a la actual.
-Podemos hablar de hasta tres etapas. Ahora la predisposición de la Iglesia hacia las cofradías es la mejor que hemos conocido. En la etapa posconciliar, esas relaciones fueron durísimas. Terribles. Por cierto que en el libro verán mis opiniones sobre el concilio Vaticano II. No encontrábamos la más mínima comprensión. Y en los años sesenta quizás se funcionaba por inercia más que por empatía.
-Otro aspecto suyo es el de fotógrafo aficionado. En el libro, el apartado gráfico tiene un peso importante.
-El libro contiene unas 160 ilustraciones, gran parte inéditas, que proceden del álbum familiar, de archivo de la Misericordia, y otras que han llegado a mis manos por distintos procedimientos. No cabe esperar fotos de una calidad técnica actual, pues algunas fotos tienen casi sesenta años. Pero su valor testimonial es elevado. No solo fotografías. También convocatorias de cultos, láminas, sellos, etc.
-Ha sido pregonero y ha vivido muchos pregones. ¿cómo ha evolucionado el pregón?
-El primer pregón al que asistí fue el de Matías Prat, en 1968. El pregón entonces era un acto más institucional, al que sobre todo iban las autoridades. Algunos fueron en el Círculo de la Amistad. Otros en el desaparecido Palacio del Cine. Los pregoneros eran con frecuencia personas con poca relación con la Semana Santa. Como León Herrera Esteban, Director de Información y Turismo, que con el tiempo sería ministro. También Cirarda, el padre Cué, etc. El pregón de1983 lo da Fray Ricardo, precisamente porque la agrupación se da cuenta de que esa línea de pregoneros ilustres pero que no eran cofrades cordobeses no acababa de calar. Fray Ricardo rompe con eso y crea un nuevo tipo de pregón. Ahora veo el pregón un poco en decadencia. No por las personas sino por el acto en sí, que no acaba de llenar. En el de Fray Ricardo el liceo estaba absolutamente lleno, y muchas personas se quedaron de pie. También recuerdo haber visto lleno el Gran Teatro, incluso por encima de su aforo. Ahora se ven más butacas vacías. Quizás los pregones actuales son demasiado largos.
-¿Sigue habiendo charlistas?
-Hasta para ser charlista hay que tener preparación. Hoy los pregones son leídos Lo difícil sería hacer una charla que se viera espontánea. Pero cuando Melguizo lo intentó no llegó a conseguirlo.
-Del periodo que abarca su libro, ¿con qué año se quedaría?
-1975 necesariamente. No solo por la llegada de Rafael Zafra, que también. Pero además en mi hermandad la actividad fue muy intensa. Nos pilló muy de cerca el 400 aniversario del hallazgo de los mártires.
-Su hermandad ha vivido momentos duros, como el exilio de San Pedro.
-De hecho el libro empieza con las imágenes en Santa Marta, porque en octubre del 85 llegó la comunicación del imperativo desalojo de San Pedro. Fueron años muy duros. Hay que comprender la reticencia que la hermandad ha tenido para volver a la Catedral, porque para nosotros era un mal sueño. De todos modos, la hermandad ha pasado por varios periodos complicados, como el mismo 1962, con la hermandad bajo mínimos. Cuando mi padre entró en junta de gobierno en 1964, se encuentra un déficit de 80.000 pesetas. Un dineral en esa época. En realidad todas las cofradías han pasado sus travesías en el desierto.
-Fue pionero en información cofrade ¿Ha cambiado mucho?
-Es un signo de los tiempos, que solo cabe asumir. La sobresaturación actual de supuesta información en tiempo real impide, no ya ver el bosque, sino el tipo de árbol que tienes enfrente. Es demencial que se disparen los retuits de informaciones como la renovación de un capataz, cuando es algo de importancia nimia. Pronto pondremos un tuit informando de un importante donativo a unas monjitas misioneras. A ver quien lo retuitea. El libro, por fechas, no abarca mi colaboración en Diario Córdoba. La llegada de Antonio Ramos como director supuso la apertura a diversos temas. Yo solicité al subdirector, Antonio Galán, que se incrementara la información de hermandades, y me respondió preguntándome si me sentía capaz de intentarlo. No había la facilidad actual para acceder a la información. Pero las cofradías eran celosas de lo que se comentaba de ellas, hasta el punto de contar las palabras de las crónicas.
-¿Y por qué ahora existe ese interés, que incluso supera el de otras secciones?
-¿Es malo decir que están de moda? Quizás también la falta de formación hace que cualquier cosa parezca noticiable. Para alimentar una sección, si no hay noticias, se puede recurrir al reportaje, que también tiene interés.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here