Una 'chicotá' eterna en San Basilio


La procesión de la Santa Cruz de la hermandad de Pasión ha dejado constancia del buen hacer de la cofradía

La imagen -en este caso la Santa Cruz-, una marcha, una calle estrecha y una cuadrilla de costaleros pueden ser el resumen de una procesión. No porque lo demás sea intrascendente, sino porque hay instantes efímeros en que el tiempo parece detenerse y la contemplación, el rito y la fe, se conjugan en un mismo plano. Y esto pasa -y mucho- en las calles del Alcázar Viejo. No sólo el Miércoles Santo o el 15 de agosto, sino también a finales de septiembre cuando los jóvenes de la hermandad de la Pasión dan la medida de su buen hacer por su barrio de San Basilio.


Los últimos nueve años han servido para corroborar que las cofradías, en este caso la de Pasión, están muy vivas. Y hay un gusto especial por las cosas bien hechas. Así, la salida procesional de la Santa Cruz ha ido creciendo, en torno a un paso cada vez más cuidado. Y con una agrupación musical, la de la Sagrada Cena, que sigue creciendo en intensidad y calidad; ahora, de la mano de Buendía y Hernando de Soto. Sin perder su sabor eucarístico, en la formación ya se aprecian los matices de la nueva dirección musical.

Y llegó la chicotá. La joven cuadrilla avanzó por la estrechez de la calle, donde el farol marcaba el parapeto certero de la maniobra. La imagen de la Santa Cruz, una marcha, una calle estrecha y una cuadrilla de costaleros pueden ser el resumen de una procesión. Y así lo fue en el caso de la hermandad de la Pasión, donde la cuadrilla demostró su buen hacer y su grupo joven una envidiable capacidad organizativa, para dejar el sabor de una de las procesiones que han ganado su espacio propio en la ciudad.

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