Las Nazarenas de Nápoles


La ciudad del sur de Italia es el origen de la venerada imagen cordobesa, que procesiona cada Jueves Santo

De la España de las Dos Sicilias aún hoy quedan vestigios, que guardan el relato de una historia común, compartida, en numerosos lugares. Uno de ellos es la ciudad de Nápoles. Una urbe a la que, cada año, viajan cordobeses, como Rafael Cuevas para seguir dando libertad a la pasión por la que, en esta región del sur de Italia, se sigue teniendo por la forma en que realizan sus conocidos belenes. Sin embargo, la urbe atesora secretos escondidos, en forma de vírgenes dieciochescas, que expresan el dolor definitivo. Son las otras nazarenas que, a diferencia de la que se disfruta en Córdoba, no vinieron a este otro confín de los reinos de aquellas Españas.


Como relata Cuevas, en un paseo por la ciudad se pueden hallar iglesias que, a diferencia de las de aquí (sobre todo por las restauraciones), conservan el polvo de los siglos. Allí, donde todavía se encienden las capillas con bombillas, resulta habitual encontrar en urnas bustos o imágenes de cuerpo entero con la iconografía de la Mater Dolorosa. Y es que el origen napolitano de la Nazarena cordobesa queda más que justificado en dichos enclaves. “¡Qué suerte tuvo la Nazarena por llegar a Córdoba”, reflexiona Cuevas. La Virgen tiene su devoción, su cofradía y no se quedó metida en su fanal, empolvada e impregnada en devociones de siglos, pero a las que “nunca les ha dado la luz del día”.
Como la Nazarena, se trata de imágenes de una policromía fácilmente reconocible por su tonalidad nacarada (resquebrajadas las napolitanas). Y, sobre todo, que expresan ese dolor extremo que acongoja al devoto, que ve reflejado el suyo cuando se produce la pérdida. Sin embargo, Ellas no procesionan, no les elevan altares de cultos como el de la que vino de Nápoles y a la que, durante estos días, acaricia la cúspide de las piñas cónicas que dan forma a un ara, donde las más de 400 rosas alejan a la venerada imagen que vino de Nápoles, de esas otras Nazarenas, empolvadas por siglos de devoción en sus fanales.

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