¿No pudiste ir? Aquí tienes el vídeo de la procesión de la Virgen de la Sierra


Sierra
María Santísima de la Sierra./Foto: Jesús Caparrós

Las hermandades, pese a su ritual cíclico, siempre se reinventan, mientras las imágenes dejan un nuevo detalle en las retinas de cada persona que la contempla. La piedad popular se erige como un vehículo indispensable de la fe, sobre todo, en Andalucía. Y, en su centro geográfico en la ciudad de Cabra, esa mística se muestra en todo su esplendor ante la imagen de María Santísima de la Sierra. Así, miles de habitantes de la localidad de la Subbética han disfrutado este viernes de la procesión de su gran devoción.


Las calles de Cabra se convirtieron en un mar de gente que no quiso faltar a su cita con la Virgen de la Sierra para pedirle, rogarle, agradecerle, cantarle y poner en sus manos el porvenir. Una muestra de piedad sincera, que se entrega sin ataduras, entre el sonido del tambor, al calor de su himno, mientras ondeaba la bandera que simboliza el estandarte de un pueblo entregado a su madre.

Entre vítores y palmas, con las emociones a flor de piel, la imagen de María Santísima de la Sierra regresaba a Cabra el pasado lunes. Ya en sus andas solemnes y en el altar de la parroquia de la Asunción, como se indica desde su archicofradía “Ella aguarda ahora nuestras constantes visitas”. Y es que tras los sentimientos que estallaban este 4 de septiembre con la llegada a la localidad desde su santuario, ahora alcanzan los días en que la Virgen aguarda, con la cercanía de lo cotidiano, a cada devoto. En un acto personal que, por sencillo, no pierde en ningún momento la profunda carga de siglos de transmisión espiritual, entregada de generación en generación.
La Virgen milagrosa (“la única que verdaderamente lo es”, como sostienen algunos de sus paisanos) entró por las calles que llevan su patronazgo, aguardando el momento de recibir el tributo simbólico. Y, mientras Fernando Priego le entregaba su bastón de mando, el gesto trascendía lo simbólico, en una sociedad -global- que en muchas parcelas ha perdido su esencia. Sin embargo, en lugares como Cabra, ésta se atesora, se cuida y se mima, mientras millares de personas la miran, suspiran y depositan en ella el tesoro de su fe, construida en decenas de romerías.

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