María Santísima Nazarena, Rosa sin Espinas


La belleza y el recogimiento caracterizan el tradicional rosario vespertino de María Santísima Nazarena

Rosario Nazarena 9
María Santísima Nazarena./Foto: Rafael A. Ojeda

(Joaquín de Velasco). La bellísima imagen de María Santísima Nazarena presidió en un ambiente de recogimiento e intimidad el rosario vespertino de su hermandad, que se desarrolló por la feligresía de San Lorenzo.
A las nueve de la noche, entre dos luces, la delicada imagen se mostraba a los fieles que la esperaban en la plaza del Padre Cristóbal de Santa Catalina, y que la acompañarían en su caminar. Sobre una sencilla y elegante parihuela, a hombros de sus cofrades, y acompañada de la oración musical del quinteto de capilla María Santísima de la Esperanza.

Inmediatamente se hizo presente el carácter de la cofradía. Un respetuoso silencio, solo roto por la oración, se iba adueñando de las calles. Conmovía especialmente, y azotaba la conciencia de los espectadores, la presencia de Antonio Gracia, antiguo hermano mayor, que con gesto adusto y silencioso caminaba en presidencia ayudado de un andador. Su testimonio de fe y saber estar merece una especial mención.
El cortejo discurrió por las estrechas calles que separan su sede de la parroquia de San Lorenzo, en cuyo interior se adentró en torno a las nueve y media. Allí aguardaban representaciones de la parroquia y de las hermandades que tienen sede en ese templo fernandino: Villaviciosa, ya preparada en su paso, Entrada Triunfal, Remedio de Ánimas y Calvario. En ese momento se produjeron quizás los instantes más emotivos. La dulcísima escultura de María Santísima Nazarena cruzó el arco ojival a los sones de «Golgota». Se presentó ante el presbiterio junto a la Virgen de Villaviciosa, y recibió la ofrenda floral de la cofradía del Calvario, recordando tiempos pasados en los que acompañaba al dulce Nazareno de San Lorenzo en sus estaciones de penitencia, antes de llegar la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor. Tras el rezo del tercer misterio y los cantos del coro Beato Cristóbal y Fuensanta, volvió a la plaza mientras sonaba una adaptación de la marcha «Villaviciosa».

Prosiguió el piadoso ejercicio del rosario hasta la plaza de San Rafael, pasando ante la iglesia del Juramento. Y ya entrada la noche del final de verano, retornó a su casa la que, por derecho propio, puede presumir de ser una de las mas conmovedoras dolorosas, no sólo de Córdoba, sino de toda Andalucía.
 

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