Versos eternos para la Virgen del Socorro


El conocido cofrade Joaquín de Velasco regala un pregón en verso a la alcaldesa perpetua de la ciudad

Socorro
Joaquín de Velasco, durante el pregón a Nuestra Señora del Socorro Coronada./Foto: Eva Pavón

Hay palabras que llegan al alma. Versos que brotan del corazón y afloran, en verso, para justificar una devoción de siglos. Y así, emulando al que fuera el primer capataz de la Nuestra Señora del Socorro, antes de que fuera coronada por su barrio, quien también estuviera bajo las órdenes de Lorenzo de Juan, ha dedicado una hermosa elegía a la Reina de la Plaza. En una chicotá de versos infinitos, Joaquín de Velasco ha abierto de par en par, las recoletas ventanas de la calleja del Toril para mostrar a la cofradía y a la ciudad lo mejor de su historia, la devoción a la Santísima Virgen.
Antes, su párroco ha sido primero amigo para presentarlo. Y es que las hermosas palabras de José Juan Jiménez Güeto han descrito con certeza a un cofrade que se refleja en la permanente sonrisa de su mujer, para convertir esa timidez del negro hábito de la madrugada en una verdad que solo conoce del amor a ña Santísima Virgen.

“Córdoba entera ama a Nuestra Madre del Socorro. Pero es en estas calles donde su nombre se hace plegaria. Es en estas calles donde, a través de los siglos, María ha sido consuelo de aflicciones y auxilio de los necesitados”. Un recorrido que ha llevado al pregonero por esas calles “donde su bendito rostro ha serenado el alma y consolado el espíritu de quien cada día pasa ante la puerta de esta ermita. ¡Cuantas lágrimas han tornado en Esperanza al contemplar su mirada!”.
Sin embargo, el verso ha sido el protagonista de la alabanza a la Reina de la Plaza, a la Patrona del Mercado, a la alcadesa -sin bastón de mando- de una ciudad que, en las palabras de Joaquín de Velasco ha resurgido con la métrica del amor que se derrama a María, sin esperar más que a “las titilantes candelas que son símbolo y proclama de las almas que consuelas”. El elogio de la levantá perenne de un capataz de la palabra, que mantiene el pulso de la ciudad que venera a la Virgen del Socorro.
 

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