“Fray Ricardo vuelve a tener su apellido: De Córdoba”


Varios cofrades valoran la figura del que ha sido “el alma mater, el antes y el después de la Semana Santa de Córdoba del siglo XX”

Fray Ricardo, en unos cultos.
Fray Ricardo, en unos cultos. / Foto: LVC

Capuchinos Ricardo
Fray Ricardo predicando a la Virgen de la Merced./Foto: LVC

Fray Ricardo de Córdoba cantó misa, por primera vez, un 8 de diciembre delante de la Virgen del Rosario y en su capilla. Así comenzó una vocación de servicio que le ha llevado, desde su ciudad natal hasta casi todos los enclaves de Andalucía. Su labor ha sido especialmente intensa en Sevilla y Jerez. Mientras que su sentimiento a la hora de predicar, lo ha convertido en una referencia que, además, cuenta con unas dotes privilegiadas para el diseño y el arte de vestir dolorosas.
Tres personalidades de la Semana Santa de la ciudad valoran su trayectoria. De la misma, el hermano mayor de la Paz, Enrique Aguilar, destaca “la relación que nos une, desde que era un niño. Siempre ha sido buena y, ahora, seguirá manteniéndose así”. Mientras que para el máximo responsable del Descendimiento, José Enrique Doménech, “fray Ricardo de Córdoba es historia viva de esta humilde hermandad”.
El que fuera durante muchos años director espiritual de la corporación del Viernes Santo es, en la actualidad, su director artístico y desde 2005 Hermano de Honor de la cofradía. Doménech no duda en resaltar que el capuchino es el “gran inspirador e impulsor para que la Semana Santa de Córdoba cuente hoy con Nuestra Señora del Buen Fin a la que vistió con gran maestría hasta que se marchó”. Y recuerda que “todo el patrimonio artístico de la corporación gira en torno a sus magníficos dibujos, pero lo más importante para esta hermandad es el cariño, dedicación, respeto y admiración que fray Ricardo tiene hacia la ella, para la que siempre tiene un hueco en su agenda cuando la misma le ha solicitado algo”.
El hermano mayor concluye poniendo de relieve que, fray Ricardo y el Campo de la Verdad siempre estarán unidos, a través del Descendimiento y Nuestra Señora del Buen Fin”.
Para el conocido cofrade, Rafael Cuevas, fray Ricardo es “el alma mater, el antes y el después de la Semana Santa del siglo XX”. En este sentido, el prioste y florista recuerda que fray Ricardo fue el gran embellecedor de una semana santa que estaba empolvada, de postguerra, paupérrima, que se mantenía con unos cánones que no concordaban con la religiosidad popular que se ya se estaba viendo en otras ciudades y que era tan necesaria, incluso, después del Concilio Vaticano II”. Y para ello se valió de “vírgenes guapas”. Un hecho que hace recordar a Cuevas el artículo de La Voz, donde se explicaba cómo llegó a Córdoba la Virgen de la Encarnación. Motivo que le lleva a afirmar que “siempre ha estado trabajando o ideando una semana mayor más bonita para Córdoba, que la que hubiera tenido nuestra generación si él no hubiera existido”.
“Fray Ricardo vuelve a tener apellido. Él recupera una cosa muy bonita de los capuchinos -franciscanos-, que es ponerse el nombre de la ciudad”, explica Cuevas. “Quizá, esta ciudad tan senequista lo ha llamado sólo por su nombre, durante los últimos años, pero fuera siempre ha sido fray Ricardo de Córdoba. Ahora vuelve a serlo, casi con más fuerza que nunca, porque ya viene con la experiencia de 50 años trabajando”. Y desvela que a él “le da mucho coraje cuando le llega una carta y en el remite pone: Ricardo Olmo López”. Su nombre es fray Ricardo, de Córdoba.

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