Así se vivió en la peña 'el Bicho' el partido del Córdoba


La primera victoria de los blanquiverdes se disfrutó con pasión en la sede social de este colectivo, que aúna el sentimiento por el club y las cofradías

Bicho
Rafael del Pozo en su peña./Foto: Jesús Caparrós

Han pasado unos minutos cuando entramos en la peña cofrade y cordobesista el Bicho. Nos recibe Rafael del Pozo. Costalero de las Penas de Santiago, sus dos pasiones pueden constatarse desde la misma entrada del local. Allí, la cruz de Santiago y el escudo del Córdoba reciben al visitante. Con hospitalidad y una cercanía parece que hubiésemos estado allí el día anterior.
Cuadros y enseñas, fútbol y cofradías, se conjugan en unos pocos metros cuadrados. El paso del equipo blanquiverde por Primera División tiene su huella en los recuerdos que dejan las bufandas de las paredes y el techo. Ante el Barcelona, Real Madrid o Atlético, el recinto atesora el vestigio de aquel año inolvidable que, pese a finalizar de mala manera en lo deportivo, dotó a Córdoba de la ilusión perdida de un niño pequeño. Como la que se refleja en la mirada de los hijos de el Bicho, que en la parte inferior de un marco flanquean una de las camisetas firmadas por la plantilla. En frente, la primera camiseta de la cuadrilla del Cristo de las Penas o de la de Nuestra Señora del Socorro. Mientras una fotografía del Moreno de Santiago en la Plaza Grande ampara toda la estancia.

En aquel local, aledaño a la Avenida de Barcelona, se han vivido momentos inolvidables, que ya son parte de la historia personal de estos peñistas. En su mayoría costaleros de Santiago. Una frase con la que, para el cofrade, ya está todo dicho. “Ni mejores ni peores. Diferentes.” Repiten el Bicho y el Loco (Rafael Manzano) en varias ocasiones. Mientras que el que fuera hermano mayor de la cofradía del Domingo de Ramos, Rafael Moreno Torres el Rubio, les recuerda que esa frase la instauró él.
Entre risas, anécdotas y recuerdos, la tarde avanza en busca de la hora del partido. Ahora, la cofradía va ganando terreno en la conversación. Antes, Del Pozo me señala el hueco de una bufanda que falta, que vendió hace algún tiempo a un coleccionista. Era la conmemorativa del encuentro entre el Espanyol y el Bayer Leverkusen de aquella inolvidable final de la Copa de la UEFA, que acabaron remontándole a los periquitos con Javier Clemente en el banquillo. “Yo estuve en Sarriá”, recuerda y detalla aquella vivencia.

El Rubio nos cuenta cómo fueron sus años de hermano mayor, su admiración por Curro o cómo se solucionó hace ya dos décadas el Domingo de Ramos. La hora del partido se acerca. En unos minutos el balón rodará y del Pozo dejará correr ese sentimiento que lo ha hecho tan conocido, fuera incluso de Córdoba (llegaron a entrevistarlo para RAC1 en la grada del Arcángel). Pero, más allá del partido, la tarde ha estado llena de risas y recuerdos con el Bicho, el Rubio, el Loco, Salazar o Lardín. La guardia pretoriana de un equipo, cuyos partidos se viven con la emoción de una salida procesional. El balón comienza a rodar. En poco más deveinte minutos marcará Edu Ramos el primero para el Córdoba. Imaginen la celebración. “Ni mejor ni peor. Diferente”.