El capataz capaz de llorar por su cofradía


Hermanos mayores, capataces, y conocidos cofrades de Córdoba, glosan la figura del capataz Lorenzo de Juan

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Lorenzo de Juan./Foto: LVC

(Blas Muñoz/Joaquín de Velasco). La trayectoria de Lorenzo de Juan Luque al mando de pasos cordobeses es muy extensa. A lo largo de más de treinta años ha mandado pasos como el palio malva y oro de las Lágrimas, el Socorro con su primera cuadrilla, El Cristo de las Penas de Santiago, junto a Romero, con quien también compartió el de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. La Reina de los Ángeles del Císter, la Entrada Triunfal, o la Virgen de la Fuensanta. Es recordado especialmente por su larga temporada al frente de la Reina de los Mártires. En la actualidad capataz del Cristo del Amor y del crucificado de la Buena Muerte.
En la Hermandad de la Buena Muerte desempeñó el cargo de hermano mayor durante varios mandatos. El conocido cofrade Fernando Morillo Velarde afirma de él que “en la atmósfera de aparente seriedad que le envuelve, es capaz de llorar por su cofradía de la Buena Muerte”.
Formó tándem con otro histórico capataz, Javier Romero, que lo califica como “amigo entrañable y capataz de corazón”. Romero recuerda de forma campechana el paso de ambos por la hermandad de la Sentencia, que, en los noventa, presentaba un estilo diferente del actual, más alegre y con cambios en el paso de misterio: “Yo me marché al Palio y él se quedó paseando a Pilatos por Córdoba. Formaban parte del equipo José María Ruiz y Federico Tovar. Nos decían ‘los repeinaos’ porque al frente de los pasos íbamos siempre engominados”.
El cofrade y comunicador Antonio Varo, antiguo hermano mayor de la Misericordia, conoce bien la trayectoria de Lorenzo de Juan: “Empezó de capataz porque lo llamó mi padre, a instancias de Jesús Melgar. Desde el principio se vio que es un hombre enérgico, con criterio y sabiendo lo que había que hacer para formar una cuadrilla no sólo en lo formal y lo técnico, sino también en lo humano. Como capataz tiene una trayectoria difícilmente igualable que todo el mundo conoce”. Varo añade que “quizás su intensa dedicación al martillo nos ha privado de aportaciones en otros ámbitos de las cofradías en las que hubiera sido igualmente un referente de calidad”. Además, no puede dejar de considerar que “como a Javier Romero, no se lo ha tratado con justicia”.
Su dilatada carrera hace que haya mandado costaleros que, llegado el tiempo, estuvieron a su vez al mando de otras cofradías. Como Juan Manuel Cabello, capataz de la cuadrilla de la Virgen de la Caridad, que afirma que de Juan “es mi maestro. Gracias a él comencé en este mundo del costal y del martillo. Yo sólo puedo decir cosas buenas de una gran persona y un auténtico maestro del martillo”. Cabello recuerda su paso por el palio de la Madrugada: “Los años que salí en la Reina de los mártires fueron muy duros pero él conseguía sacarnos lo mejor de todos nosotros”.

El actual Hermano Mayor de la Agonía, Carlos Recio Añón, coincidió también en la cuadrilla de la Reina de los Mártires. Además formó parte de la Junta de Gobierno de la hermandad. Para Recio “Desde que hace 30 años conociera a Lorenzo de Juan muchos de mis momentos cofrades más íntimos se asocian a su persona. Conté con su confianza con solo 17 años para entrar en su cabildo de oficiales y aprendí las bases de cómo vivir la Hermandad”. El dirigente de la hermandad del Naranjo recuerda con cariño que “eran otros tiempos y nos mirábamos en los mayores con respeto y ganas de aprender”.
Una de las últimas hermandades que han llamado a Lorenzo de Juan ha sido la del Amor, que le confió el paso de su crucificado. El cofrade Antonio Fenoy, miembro de la gestora que dirige la corporación del Cerro, relata que “como capataz, Lorenzo es una persona comprometida y al servicio de la Hermandad que lo llama. Y como persona es muy especial, pero con gran conocimiento de las Cofradías”.
La personalidad y la trayectoria de este personaje no dejan a nadie indiferente. Sus críticos dicen de él que “se le paró el reloj”, significando que su estilo no ha evolucionado con los tiempos. Sus amigos, por el contrario, defienden que fue él quien paró los relojes de la Córdoba cofrade, un 19 de noviembre del 2005, cuando la Reina de los Mártires peregrinó a San Pedro de forma extraordinaria.