El ejemplo de superación de la hermandad del Tránsito


Tránsito
Nuestra Señora del Tránsito./Foto: Jesús Caparrósu

Una nómina de hermanos reducida, capacidad económica muy limitada y pocos estrenos. Independientemente del nombre de la hermandad, cualquiera pensaría que se trata de una cofradía que atraviesa apuros. Nada más lejos de la realidad. Y es que el Tránsito, la corporación letífica que dirige Bonifacio Gómez, suple esta escasez a base de esfuerzo e ilusión. Y, lo más importante, con la tranquilidad que otorga contemplar el trabajo bien hecho. El mismo que, una vez más, ha vuelto a quedar patente en la procesión de la Virgen de Acá, cuya salida ha puesto el broche de oro a la festividad de la Asunción de la Virgen.
Las calles de San Basilio lucían de gala para recibir a una de las devociones con más encanto, de las muchas que posee Córdoba. Así, cuando los sones de la banda de música Tubamirum entonaron las piezas que han hecho inmortal al insigne compositor Pedro Morales, los recuerdos no tardaron en aflorar. Y es que la formación de Cañete de las Torres aún guarda el luto por la pérdida de Marta García, cuyas intenciones han estado muy presentes estos días de triduo para la hermandad. De alguna manera, los sones de su clarinete estaban en el Alcázar Viejo.
La Virgen del Tránsito avanzó hacia Caballerizas, buscando la Catedral de Santa María de la Asunción. Con una elegancia que recordaba ese toque decimonónico, la cofradía no ha faltado a su cita con el templo mayor. Una llegada que es uno de lo broches a un año histórico para las hermandades cordobesas y a la que, la de San Basilio, dotó de la compostura propia de quien lleva años acudiendo a la casa de todos los católicos de la ciudad.
La noche caía sobre el Alcázar de los Reyes Cristianos, sobre el Arco de Caballerizas, sobre las paredes encaladas de un barrio que la despedía envuelto en su particular fiesta patronal. La Virgen regresaba a su hogar para cerrar la jornada más intensa de agosto para la ciudad. Y la hermandad dejaba su impronta de esfuerzo y una determinación absoluta por mantener las tradiciones de Córdoba. A lo lejos, el eco lejano de las campanitas de septiembre ya susurran la salida de la Patrona.

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