Un altar a la memoria de Enrique Bustos


El desaparecido artista cordobés exornó, durante décadas, el altar de la Virgen de la Asunción. Popularmente conocida como, de los Faroles

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Altar dedicado a la Virgen de la Asunción (de los Faroles), en el exterior del muro norte de la Catedral de Córdoba./Foto: LVC

La historia de Córdoba y sus devociones guarda apartados emocionantes. Uno de los que quedarán, para siempre, en la memoria de quienes lo conocieron era la profunda piedad que la Virgen de los Faroles despertaba en el ya desaparecido artista cordobés, Enrique Bustos. Y es que el amor hacia la Virgen dejaba, cada 15 de agosto, su huella viva en las flores con que la engalanaba para celebrar su festividad. Ubicado en el exterior del muro norte del Patio de los Naranjos de la Catedral, el altar presenta a la Virgen Asunción (advocación bajo la que está consagrado el primer templo de la diócesis) rodeada de 11 faroles dentro protegidos por la reja exterior.
Este altar callejero, tan característico de la arquitectura urbana cordobesa, estuvo presidido hasta el 1928, por una Virgen de Antonio Fernández Castro (autor de la Aparición del Arcángel San Rafael al Venerable Roelas). La pintura quedó destruida en aquel año, a causa de un incendio. Es entonces cuando se encarga a Julio Romero de Torres su reposición, quien la lleva a cabo. Si bien, la actual representación de la Virgen de la Asunción es una copia de la original realizada por el inolvidable pintor cordobés, ya que la primigenia fue trasladada al museo que lleva el nombre del artista.
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Ofrenda floral a la Virgen de los Faroles, de la hermandad de la Expiración.

Original o copia, la devoción a Nuestra Señora se traducía en los hermosos centros de flores que Enrique (el tío de Curro y Mari Ángeles, el pintor que en Velázquez Bosco pasaba las horas frente al lienzo y llenaba de alegría la angosta vía que vigila la Virgen, desde su altar con reja y los 11 faroles que le otorgan su popular nombre), nunca olvidó en disponer, para homenajearla en su día. Ahora, la hermandad de la Expiración presenta ante Santa María un ramo, que simboliza mucho más que el gesto en sí. Es la historia de una devoción que es la memoria de un hombre, de una ciudad y de su historia.