Fallece el antiguo consiliario del Amor, Antonio Prieto Hurtado


La misa exequial se celebrará este miércoles en la parroquia de Nuestra Señora de la Expectación de Encinas Reales

Prieto
Antonio Prieto Hurtado./Foto: DMCS

Tras el fallecimiento del sacerdote Antonio Prieto Hurtado, la misa exequial por su eterno descanso tendrá lugar este miércoles, a las 18:00 horas, en la parroquia de Nuestra Señora de la Expectación de Encinas Reales. Una pérdida de la que se ha lamentado la hermandad cordobesa del Amor, ya que era una personalidad muy querida en el seno de la cofradía de Jesús Divino Obrero. En la misma jugó un papel muy relevante tanto en el ejercicio de su ministerio pastoral como en las labores de director espiritual de la popular cofradía.
La corporación del Domingo de Ramos ha emitido un emotivo mensaje en sus canales de información, en los que han indicado que “rezamos por el alma del reverendo Antonio Prieto Hurtado, quien durante muchos años fue párroco y consiliario de nuestra hermandad. Descanse en Paz”. Cabe recordar que la relación del sacerdote con la cofradía fue muy estrecha y, como destacaba en La Voz de Córdoba el que fuera hermano mayor Joaquín Santiago, la figura de Antonio Prieto Hurtado fue fundamental para la llegada del Señor del Silencio hace algo más de un cuarto de siglo.
Antonio Prieto Hurtado
Nacido en la localidad de Encinas Reales, en la actualidad era miembro del equipo sacerdotal de Nuestro Señor del Huerto de los Olivos y Virgen del Camino de Córdoba. Anteriormente, había ocupado numerosos cargos de relevancia en el ejercicio de su ministerio. De tal manera que había sido coadjutor, regente y ecónomo de Doña Mencía. Asimismo estuvo al frente de las parroquias de Santa Bárbara, San Bernardino y San Miguel de Peñarroya-Pueblonuevo, y fue arcipreste de la zona. Tampoco se puede olvidar que fue formador del Seminario Mayor, delegado episcopal de Cáritas y vicario ecónomo de la parroquia de Jesús Divino Obrero, en la capital cordobesa.

3 Comentarios

  1. Está mañana nos hemos despertado con la triste noticia del fallecimiento del P. Antonio Prieto, párroco del Cerro allá por el año 1.991 cuando llegó a la Hermandad del Amor el Señor del Silencio. En ese tiempo difícil y duro que tuvimos que vivir, D. Antonio abrió la puerta de su casa, sin dudarlo, generosamente, a brazo abierto para que entrara el Señor a quien le habían cerrado otras puertas, y de un portazo. Era afable, nos cogió con cariño, respeto y comprensión. Aquel Domingo de Ramos cuando volvimos al Cerro destrozados, en nuestro estreno, con un Cristo “roto” igual que nuestros corazones, D. Antonio se dolió con nosotros en aquella capilla solitaria pero llena de Dios, el del Silencio, al que se le quebraron los pies en el camino y tuvo que regresar a Casa descansando en corazones rotos. Todavía mis manos tiemblan y lloran porque en ellas se acunó esa bendita cabeza, que se mecía con nuestras lágrimas en ese trayecto oscuro e interminable de la decepción y la pena. D. Antonio fue consuelo y compañía. A él le debemos, en parte, que el Señor pueda pasearse en triunfo por las calles de Córdoba. Descanse en paz, en la paz del Silencio al que escuchó latir en su alma. Seguro que habrá comentado hoy con José Antonio Infantes Florido, Obispo de Córdoba, que también abrió sus brazos, lo bonito que va el Señor cruzando el Puente Romano. Y gracias a ellos. Descansen en paz.
    Antonio Prieto, gracias. Pedimos por ti. Descansa en paz. El Señor del Silencio te habrá abierto de par en par las puertas del paraíso, igual que tú hiciste con él con la Iglesia del Cerro. Hasta siempre. Gracias.

    • Fue un gran amigo desde su estancia como párroco en Pueblo Nuevo en la parroquia de Sta Barbara, vecino físicos de nuestro domicilio ha sido de las personas que mas han influido en mi vida descansa en paz Antonio, mi recuerdo y del grupo de amigos que formastes a tu alrededor, y que te han recordado y te recordaran por siempre

  2. Quedo sorprendido por la muerte del amigo y sacerdote Antonio Prieto. Lo conocí al llegar a Córdoba desde Peñarroya-Pueblonuevo y ser nombrado por el obispo Ciralda como Delegado de Cáritas. Persona inteligente que sabía atraerse a los files en su labor pastoral, tanto por su humanidad encarnada en la vida, como por su atractiva y clara oratoria manifestada en sus homilías. Tengo tantos recuerdos gratos de él que se me acumulan en la mente y no me dan paso a poderlos escribir de una forma rápida. Sólo quiero exponer que fue un cura verdaderamente creyente en la figura de Jesús de Nazaret y en su seguimiento, comprometido por la causa de los pobres y marginado de la sociedad. Hoy podríamos definirlo como sacerdote con las palabras tan lúcidas y claras dichas por el Papa Francisco: ” Pastor con olor a oveja”, Antonio encajaba en este tipo de cura, por su vida humilde y pobreza.
    Amante de la Iglesia aunque reconocía sus traumas, la definía de esta forma: “Es como una madre amorosa, aunque a veces se porta como ramera”.
    Los que tuvimos la suerte de esta junto a él en las Comunidades de Base en los años ochenta sabíamos de los problemas que tuvo con las autoridades franquistas, tanto en Peñarroya como cuando fue Delegado de Cáritas, pues estuvo en las mira de algún gobernador civil.
    Perdí el contracto con él cuando voluntariamente se fue a su querida tierra de Encina Reales ya jubilado. Consumiendo sus últimos días con una ceguera pertinaz pero todo llevado en silencio y gran dignidad.
    Hoy sé con seguridad que está en la paz y plenitud total junto al Padre, rodando por nosotros con esa forma socarrona que tenía de decir frases como esta: “Padre por tu misericordia déjalos entrar en tu Reino, pues están algo locuelos y no saben lo que hacen, yo también fui algo torpe y aquí estoy junto a Tí”.
    Gracias amigo Antonio por el bien personal que en ocasiones me hiciste con tus consejos y la amistad demostrada hacia mi persona. Hoy nos toca llorar tu perdida.

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