Tres grandes marchas para la Reina de los Ángeles


sábado
Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos./Foto: Luis A. Navarro

Pedro Gámez Laserna y José de la Vega Sánchez guardan, pese a pertenecer a generaciones diferentes, muchos nexos comunes. Se trata, en ambos casos, de dos músicos sin parangón que, además, aportaron lo mejor de sí mismos a la Semana Santa cordobesa. A ello hay que sumar que, durante décadas, la ciudad volvió la espalda a sus mejores obras. Si bien, la labor llevada a cabo fundamentalmente por la banda de María Santísima de la Esperanza, devolvió a Córdoba un valioso patrimonio musical. La hermandad de la Sangre es una de las que pueden presumir de poseer un mayor legado. Tres soberbias piezas (Ángeles del Císter, Ángeles Reina y Gloria Cisterciense) dan fe de ello y, a continuación, se pueden disfrutar en tres reproducciones realizadas e interpretadas por la banda de la Esperanza
Ángeles del Císter

Durante la eclosión de Pedro Gámez Laserna en Córdoba, gracias en buena medida a la recuperación musical que llevó a cabo la banda de la Esperanza, esta marcha no fue la primera en despuntar. A la sombra de Saeta Cordobesa y Salve Regina Martyrum, Nuestra Señora de los Ángeles (Ángeles del Císter), fue compuesta en 1978 y se trataría de su penúltima composición. Es una de las grandes piezas de la música procesional. Y, por más que en Córdoba quedara en el olvido durante décadas, la recuperación de la obra da muestra de un género “elevado”, a través de más de cinco minutos de arte con mayúscula.
Ángeles Reina (música para un Ángel)

Compuesta en 2007, la marcha es una de las grandes joyas del compositor cordobés. Como explicaba uno de los grandes conocedores de su obra, el prestigioso cofrade egabrense Mateo Olaya, “la introducción” es un breve pórtico en tono menor que da pie al comienzo de la obra. Mientras que “la presentación”, también en tono menor, es un espacio más amplio y desarrollado que sirve de “puente”, con la figura representativa de Jesús de la Sangre, a los tres temas siguientes de más importancia en la obra. En “el lamento”, nos figuramos a Nuestra Señora Reina de los Ángeles lamentándose por la triste suerte de su Hijo. Es una música, esto es, lamentosa e insistentemente angustiada.
Por su parte, en “el consuelo”, ya hemos pasado a un tono mayor relativo, más esperanzado, donde el Evangelista, que acompaña a la Virgen en su caminar, trata de llevarle consuelo para remediar su dolor. Es un tema tranquilo, sosegado, como corresponde a su enunciado. Le sigue “el diálogo”, donde estos dos anteriores temas se unen, se entrelazan y exponen simultáneamente sus sentimientos. Es, en realidad, un sencillo ejercicio compositivo. Tras regresar, brevemente, a “la presentación”, aparece el Fin: “el júbilo por la resurrección”. Aquí hemos roto las normas clásicas en un tono mayor más brillante. Tomándonos algunas licencias que se salen del espíritu de la obra pero que le da un “toque” de variedad y cierta valentía, como tantos autores clásicos en este género han practicado anteriormente y con éxito. Tanto en el canto como en el acompañamiento, mi inspiración se basa en la música española y andalucista que últimamente practico: << Una copla andaluza con españolísimo acompañamiento para ir “in crescendo” hacia un final brillante “por la Resurrección”, concluye Olaya.
Gloria Cisterciense

El 16 de mayo de 2009, durante la procesión de Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos, se estrenó esta marcha procesional de José de la Vega, dedicada a la imagen letífica. Cabe destacar que, en aquella ocasión, la banda de música de la Esperanza, también interpretó, Virgen de los Ángeles, de Jesús Cea Samaniego, autor que había fallecido en fechas recientes. La formación montó la pieza para la ocasión, en memoria del músico.

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