La festividad del beato más cofrade: El Padre Cristóbal de Santa Catalina


Las hermandades de Jesús Nazareno y Villaviciosa están encomendadas a su protección

Padre Cristóbal de Santa Catalina
Imagen del Padre Cristóbal de Santa Catalina

Padre Cristóbal de Santa Catalina./Foto: DMCS

“Teniendo noticia de las graves necesidades que padecían muchas mujeres, que unas por ancianas, y otras por accidentes a la naturaleza incurables, estaban consumidas de su misma necesidad, entre húmeros y rincones, unas recostadas en el suelo, y otras acomodadas en esterillas viejas, donde se las comía el hambre propia. Se movió a buscar el remedio a necesidades tan extremas. Bajó a la ciudad, y buscando lugares donde formar recogimiento y enfermería para las dichas pobres, encontró con la Casa de Jesús. Discurrió por las calles y casas en busca de pobres. Y, hallando su caridad en que emplearse, dio principio a la obra y fundación del Hospital, el año del Señor de 1673, día once de febrero”. Este relato, recogido por su confesor el padre Posadas, dan muestra de la dimensión del Beato Cristóbal de Santa Catalina (Mérida, 25 de julio de 1638).
Un hombre que, con tan solo 8 años de edad, se aceró al convento de los religiosos franciscanos de Mérida, pidiendo ser fraile. Y que tiempo más tarde sería decisivo para la ciudad de Córdoba. La misma actualiza su recuerdo y presencia, a través de las hermandades de Jesús Nazareno y Villaviciosa. Esta última, lo tiene incorporado en su título y, llegado el día de su procesión del mes de septiembre, la corporación acude con su Virgen -de la que era muy devoto- a rendir homenaje al beato que cambió parte de la historia de Córdoba.
Bendición de la imagen del Padre Cristóbal, realizada por Antonio Bernal./Foto: DMCS

“La Casa de Jesús era una pequeña ermita con una imagen de Jesús Nazareno y un hospitalito de seis camas anejo, de la cofradía de Jesús Nazareno. Los ilustres cofrades veneran y procesionan esta bendita imagen, muy querida por los cordobeses; además, las Reglas establecen que la cofradía debe realizar alguna obra de caridad. En este momento el hospitalito no está siendo utilizado y el padre Cristóbal ve en esta circunstancia la providencia de Dios para atender a los pobres. Lo pide a los hermanos cofrades y estos se lo ceden para comenzar su caritativo propósito. Lo nombran, además, hermano y consiliario de la cofradía. De este modo, da comienzo la Hospitalidad Franciscana de Jesús Nazareno”.
La narración de estos pasajes de la vida de Cristóbal de Santa Catalina, que recoge la diócesis de Córdoba, da cuenta de su gran devoción. La misma quedó reflejada en sus constantes visitas al Nazareno. A la imagen acude en oración silenciosa y confiada intercediendo por las necesidades de los pobres, pidiendo luz para dirigir y animar a otros, la fortaleza y paciencia para seguir adelante en la obra comenzada, el corazón cercano, sencillo y suave para acercarse cordialmente a todos y comprender y superar las ambigüedades y contradicciones.
El 24 de julio de 1690, Cristóbal de Santa Catalina muere abrazado al crucificado, tras atender a los enfermos por la epidemia de Cólera que asolaba a Córdoba. La Hospitalidad fundada por él continúa hasta hoy su espiritualidad y obra caritativa y social a través de la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas. Mientras sus hermandades, también mantienen viva su presencia.

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