Crónica de un año de intensa devoción a la Virgen


La imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima ha recorrido durante los últimos meses la diócesis, con motivo del centenario de las apariciones en Cova de Iría

Virgen
El obispo de Córdoba, ante la imagen de la Virgen de Fátima en la Catedral./Foto: DMCS

“Los apellidos que añadimos a su dulce nombre, María, como éste de Fátima, vienen a recordarnos momentos, lugares, gracias especiales, a los que podemos tener especial devoción. Y por eso tiene tantos apellidos, por eso tiene tantas devociones”. Con estas palabras formuladas en octubre de 2016, el obispo animaba y recordaba la pervivencia del mensaje de la Virgen de Fátima en la actualidad, donde “hay lugares en que los cristianos son perseguidos hasta el martirio, degollándolos o sometiendo como esclavas a las mujeres”. La valoración del prelado sobre uno de los grandes acontecimientos que ha vivido la Iglesia universal en 2017, el centenario de las apariciones en Cova de Iría, iniciaba un camino por medio del que la imagen peregrina recorrería la diócesis de Osio.
La andadura comenzaba el 12 de octubre en la Catedral con la celebración de la misa a la que siguió la procesión de velas y rezo del rosario. A partir de ese momento, la Santísima Virgen partió hacia las distintas localidades que se integran en las vicarías diocesanas, desde la campiña a la sierra. Así, miles de personas pudieron acercarse a una de las grandes devociones de la Iglesia. No sólo se trató de eso puesto que 250 peregrinos -pertenecientes en su mayoría al Movimiento de Cursillos de Cristiandad- se desplazaron a Portugal para celebrar la quinta Ultreya Mundial, en el escenario de las apariciones de la Virgen de Fátima un siglo después. Al igual que, días después, lo hicieron los miembros de la comunidad parroquial de la iglesia de la Consolación.
Numerosos fieles, pertenecientes a prácticamente todas las realidades de la Iglesia, se han postrado ante la Virgen durante estos meses, hasta que la imagen peregrina ha regresado, este domingo, al templo mayor de la diócesis. En la misa de clausura en la Catedral,el prelado agradeció al Apostolado de Fátima su “servicio callado, silencioso, que ha permitido que en todas las parroquias de la Diócesis esta imagencita sencilla de la Virgen de Fátima, a la que acompaña una reliquia con la sangre del Papa San Juan Pablo II haya podido llevar la paz a tantas lugares”.

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