Cursillos clausura el curso de los grupos de varias parroquias


Al acto han asistido grupos de San Miguel, Cristo Rey, Virgen del Camino, Cruz Blanca, Santa Teresa, Beato Álvaro, Compañía, y Santa Rafaela María

Cursillos
Cursillistas./Foto: LVC

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba (MCC) ha procedido a la clausura del curso de los grupos de pos-cursillo de varias parroquias. El acto se ha llevado a cabo por medio de una eucaristía celebrada por el consiliario del MCC de Córdoba, Manuel Sánchez, y ha contado con una asistencia muy numerosa. A la misma han asistido grupos de San Miguel, Cristo Rey, Virgen del Camino, Cruz Blanca, Santa Teresa, Beato Álvaro, Compañía, y Santa Rafaela María.
En la homilía Sánchez ha recordado que, “a la vez que clausuramos este curso, damos el pistoletazo de salida para el siguiente, ya que mientras que estemos en este mundo estamos comenzando y terminando constantemente”. Asimismo, en su reflexión ha subrayado “que Dios no es de los que destruye aquello que construye y lo que construye está llamado a permanecer”. De tal manera que ha invitado a meditar sobre “lo que estamos haciendo con lo que un día el Señor hizo con nosotros cuando hicimos nuestro cursillo”. Y ha sido por ello que el consiliario ha asegurado que, “si notamos que nuestro ánimo disminuye, es porque no estamos dejando a Dios que nos alimente con ese amor primero que sentimos cuando hicimos nuestro Cursillo de Cristiandad”. De ahí que “la construcción del Señor en nuestra vida tenemos que percibirla en dos facetas, en la personal y la comunitaria”.

Pensar si se es realmente consciente de lo que el Señor entrega y lo que se puede aportar a la Iglesia, según los dones recibidos por cada uno, ha sido otra de las interesantes reflexiones realizadas por Sánchez. Por tanto, hay que “ser conscientes de que nuestra aportación es importante”. Y tener presente esta actitud, como señala el lema de este año: reaviva el carisma confiado y compártelo. Finalmente ha incidido en que es preciso “saber discernir si estos dones los estamos poniendo al servicio de Dios, de nuestro movimiento, y de la Iglesia, o por el contrario somos conscientes de que el Señor nos los ha dado pero los hemos secuestrado y no estamos viviendo la vida de plenitud a la que estamos llamados”.
 

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