Ortigosa a los costaleros de la Cabeza: "¡Cómo me gustan las cuadrillas de amigos con amigos!"


Las campanas anuncian el paso de la Santísima Virgen, mientras el capataz -en este caso, Jesús Ortigosa- llama a los costaleros al trabajo. La imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, que se venera en Puerta Nueva, ya recorre las calles de Córdoba. “¡Cómo me gustan las cuadrillas de amigos con amigos!”, exclama para anticipar una levantá, de las que restan en la memoria de quienes fueron parte de la misma. Mientras, la banda de música Villa de Osuna entona los primeros acordes de Pasan los campanilleros, dando cuenta de un estilo, afinación y ejecución, propios de una formación bien trabajada.

Como se puede apreciar en el vídeo realizado por Rafael Cano, otro trabajo -el de los capataces- deja constancia del gusto por el detalle. Y es que Juan Horacio de la Rosa y Jesús Ortigosa cuentan con una amplia experiencia. El primero, al frente de las cuadrillas de Nuestro Padre Jesús de los Reyes en su Entrada Triunfal, el Divino Salvador en su Prendimiento y auxiliar en alguno de los pasos que dirige Luis Miguel Carrión, Curro. El segundo, como máximo responsable de los palios de Nuestra Señora del Mayor Dolor y de la Virgen del Rosario y costalero en la hermandad salesiana. Además de ser los hombres de confianza de la agrupación parroquial, en este ámbito, la relación de ambos con las cofradías de la feligresía es muy estrecha.
El umbral de la iglesia del Carmen daba comienzo este sábado a un camino que, en el santuario de María Auxiliadora tendría el momento central del acto. La historia de los Salesianos, de Puerta Nueva o San Rafael (enclaves que visitó la Virgen de la Cabeza) está íntimamente relacionada con San Lorenzo, con San Fernando y la primitiva collación sobre la que se organizó la Córdoba que hoy conocemos. Y Nuestra Señora cruzó ese itinerario histórico-devocional, acompañada por una banda -la de Villa de Osuna- que acometió de forma impecable un cuidado repertorio, donde la inmortal marcha de López Farfán brilló con luz propia, tras una levantá donde emoción y sentimiento se dieron la mano.

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