"La cruz sustituye a la media luna, pero se respeta el arte"


El historiador, Juan José Primo Jurado, desgrana los motivos por los que Fernando III no destruyó la Mezquita y deseando no perderla dio un ejemplo de magnanimidad

Primo Jurado arte
Juan José Primo Jurado, en una imagen de archivo. /Foto: LVC

La segunda edición de la conferencia pronunciada, a medias, por el historiador Juan José Primo Jurado y el investigador de misterios y escritor José Manuel Morales, acerca de las curiosidades que presenta la Mezquita-Catedral ha dejado interesantes aportaciones. Una de ellas fue la realizada por el actual subdelegado del Gobierno en Córdoba. Éste desveló los motivos por los que en el singular templo “la cruz sustituyó a la media luna, pero se respetó el arte”.
Una somera, pero detallada, descripción del conjunto monumental servía a Primo Jurado para explicar que cuando Fernando III asedia la ciudad en el año 1236, los habitantes amenazan con destruirla, incluida la Mezquita Aljama. El rey sabía de su magnificencia, pues, entre otras cosas, noventa años antes, el 18 de mayo de 1146 Alfonso VII de Castilla había ocupado Córdoba durante ocho días, celebrado misa en la Mezquita y dejado crónicas de su belleza. “Conocedor por tanto de su grandiosidad y deseando no perderla y dar un ejemplo de magnanimidad, firma con ellos una capitulación honrosa. Les permite salir de Córdoba con sus propiedades. No hay saqueo, no hay asesinatos, no hay botín, algo inusual para a época”, detalla el historiador. El mismo relata como el 29 de junio entra en Córdoba y toma posesión de la Mezquita convirtiéndola en Catedral. La cruz, por tanto, sustituye a la media luna, pero se respeta el arte.
“Nadie puede permanecer insensible ante la contemplación del mihrab”, afirma Primo Jurado para subrayar que, “ante él se ven los tres pilares que hacen grande Córdoba: su belleza, su historia y su sabiduría”. Se trata, por tanto, de una joya histórica que “nos habla del inmenso poder político y refinamiento cultural de aquel Califato Omeya del siglo X, tan genuinamente cordobés y andalusí”. De tal manera que la pervivencia del mihrab “es testimonio de sabiduría, basada en el respeto al arte y a otras creencias religiosas, pues permanece inalterable en su conjunto y en sus inscripciones desde que el último imán dirigiese allí su última oración hace casi ochocientos años”. En consecuencia, el historiador concluye que, “cuando en nuestros días se esgrime la palabra tolerancia para justificar claudicaciones, el mihrab cordobés sigue regalando al mundo el verdadero sentido de ese concepto”.

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