La hermandad del Rocio derrocha solidaridad por donde pasa


El cuarto día de camino de La filial cordobesa está marcado por dos puntos: Fuentes de Andalucía y el cortijo de El Valenciano

Después de la noche en La Luisiana a los rocieros cordobeses les ha sonado el despertador muy temprano este domingo para comenzar su cuarta jornada de camino. Tras el rezo de la oración de la mañana los mulos han comenzado a andar tirando de la carreta del simpecado del Rocío de Córdoba; detrás, las decenas de rocieros que partieron el jueves desde la capital. Y es que los romeros no podían perder tiempo, ya que está mañana tenían una cita muy importante con la solidaridad.

Carreta del simpecado de Córdoba. Rocío
Carreta del simpecado de Córdoba. /Foto: LVC

Las calles principales de la localidad sevillana de Fuentes de Andalucía ya esperaban ansiosas poder ver aparecer a los primeros caballistas cordobeses que anunciaban que la carreta estaba muy cerca y así ha sido. Los peregrinos han llegado sobre las 12:00 al convento de Santa Ángela de la Cruz, para ser recibidos por sus hermanas religiosas y las personas mayores que residen en aquel lugar. Una vez allí, los rocieros han podido disfrutar del rezo de la Salve interpretada por las monjas. Los mayores de la residencia, a su vez, han bailado sevillanas, han cantado y han hecho compás acompañando en sus cantes a los peregrinos.
Y es una cita solidaria, ya que la hermandad del Rocio de Córdoba, consciente de la difícil situación económica que atraviesa esta residencia, todos los años aporta todo tipo de material de higiene como donación a las hermanas. Sin embargo, esto no es lo que llena el corazón de los mayores que habitan en este lugar. El acompañamiento, un gesto de cariño y una sevillana valen mil veces más para estos residentes.
Después de una larga y fresca caminata la hermandad ha llegado hasta el cortijo de El Valenciano, donde sus dueños han ofrecido todo tipo de comida y bebida a los rocieros. Éstos, a su vez, han cantado sevillanas, han bailado y han disfrutado de un sesteo de convivencia y hermandad.
La última parte de la jornada del domingo se ha hecho dura para los peregrinos que no cesaban en su empeño de llegar a la última parada del día: Róales. Allí, el capellán de camino ha esperado a los romeros para oficiar la misa diaria.