El miedo que "combate" el obispo Aguirre en Bangassou


El testimonio de Juan José Aguirre sobre la situación en que se encuentran los 2.000 musulmanes da muestra de un testimonio decidido

Puente destruido en Bangassou. Aguirre
Puente destruido en Bangassou. /Foto: LVC

“Hay fractura, miedo, desconcierto, prejuicios, acusaciones…” Con estas palabras, el obispo de la diócesis de la República Centroafricana de Bangassou, el cordobés Juan José Aguirre, relata la situación actual en que viven los 2.000 musulmanes perseguidos. Aguirre hizo de escudo humano para salvar a muchos de los guerrilleros antibalakas. Si bien, la situación que se vive en esa zona del país centro africano continúa siendo, cuanto menos, dramática.
Aguirre relata en su último reporte que “todavía hay mucha tensión. Los antibalakas no cejan y quieren que los 2.000 musulmanes se vayan de Bangassou”. Este ultimátum, acompañado de los terribles asesinatos previos, ha provocado “fractura, miedo, desconcierto, prejuicios, acusaciones… Nosotros ponemos atención a unos y otros, acogida, sentido común y cariño”. A ello, el obispo repone que “algunas ongs ya están trabajando mucho”. Mientras tanto envía abrazos y solicita oraciones.
Otro de los aspectos que Aguirre ha explicado radica en que “a la reunión de conciliación no se han presentado los antibalakas”, por lo que recuerda que hay “ruido de sables”. Y señala que “el campamento musulmán se halla en alerta máxima”. En consecuencia, “todo el mundo está con miedo esta noche”. Aun con todo, el misionero cordobés manifiesta que “la noche se pasó bien”, pero subraya que la falta de información provoca una confusión que lleva a los rumores, a los que define “como un incendio. Y los rumores aliñados con miedo son como fuego con gasolina”.
Finalmente, el obispo Aguirre tranquiliza relatando que ha dormido bien. Pero, en cambio, alerta de que “acaban de atacar el almacén de un libanés y queremos sacar el resto de sus mercancías y traerlas a un contenedor. Los nuestros ya están en Bangui . Me voy para el almacén a ver si el camión empezó a cargar”. En Bangassou se vive por tanto una situación extrema, donde su prelado tiene que “combatir” el miedo y así dar esperanza a una población de otra confesión religiosa, perseguida.

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