El día de San Juan de Ávila


Reliquias de San Juan de Ávila.

Ávila
San Juan de Ávila./Foto: LVC

“Hay miles de sacerdotes y numerosísimos fieles cristianos y quiero que todos ellos conozcan a este santo cordobés”. Esta afirmación del obispo, realizada en una entrevista concedida a La Voz de Córdoba, dan cuenta de la importancia que San Juan de Ávila -del que este 10 de mayo se celebra su festividad- tiene en la diócesis cordobesa. La misma quedó reflejada en la celebración del congreso internacional, que la Iglesia Córdoba dedicó a su figura y que, como manifestaba Demetrio Fernández, “ha tenido una repercusión enorme porque los ponentes, que fueron todos de primera fila, aportaron sus investigaciones y ha permitido que San Juan de Ávila sea más conocido”.
El prelado insistía en que, además, en que la obra llevada a cabo por el congreso, del que se publicaron sus actas, sea citada en distintos estudios, que se realizan a día de hoy. “San Juan de Ávila es una mina que hay que explotar y a dar a conocer. Y en esa misión, el obispo y la diócesis de Córdoba, están plenamente comprometidos”. En consecuencia, el obispo ponía de relieve que, “como diócesis responsable de este gran santo y Doctor de la Iglesia, debemos darlo a conocer lo más posible en todo el mundo”.
La vida de un santo cordobés
Nacido en Almodóvar del Campo el 6 de enero de 1500, comenzó a estudiar leyes en Salamanca, en 1514. A los cuatro años dejó esta formación y se retiró a su localidad natal, donde cultivó la penitencia. Aconsejado por un franciscano, marchó en 1520 a estudiar Artes y Teología a Alcalá de Henares. Allí fue alumno de Domingo de Soto y trabó amistad con Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada; también trató a Francisco de Osuna y, tal vez, al mismísimo San Ignacio de Loyola. Durante estos estudios fallecieron sus padres y, al ordenarse sacerdote en 1526, celebró en memoria suya su primera misa en Almodóvar del Campo, vendió todos los bienes que le habían legado y repartió el dinero a los pobres, para después dedicarse enteramente a la evangelización, empezando por su mismo pueblo. Un año más tarde se ofreció como misionero al nuevo obispo de Tlaxcal, Julián Garcés, que habría de marchar para América en 1527 desde el puerto de Sevilla. Con tal propósito se trasladó allí con su compañero de estudios en Alcalá, Fernando de Contreras, quien habló de su proyecto con el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique. Éste ordenó a Juan de Ávila que abandonara esa idea y evangelizase Andalucía, labor a la que desde entonces se consagró de pleno y por la que será llamado Apóstol de Andalucía.
Ávila
Reproducción de San Juan de Ávila que preside el Colegio Español de Roma./Foto: Diócesis de Córdoba

En 1535 marchó a Córdoba, llamado por el obispo Álvarez de Toledo y conoció allí a fray Luis de Granada. Organizó predicaciones por los pueblos andaluces, sobre todo por las Sierras de Córdoba y consiguió muy sonadas conversiones de personas de alto rango. Ciertamente dominaba la oratoria, y de su estilo retórico nos ha dejado testimonio Francisco Terrones del Caño, quien lo escuchó predicar en Granada siendo colegial.
Trabó amistad con el nuevo obispo de Córdoba, Cristóbal de Rojas, al que dirigirá las Advertencias al Concilio de Toledo redactadas por su mano. Intervino también en la conversión del Duque de Gandía, futuro San Francisco de Borja, y del soldado y entonces librero ambulante portugués João Cidade Duarte, que llegaría a ser San Juan de Dios. No sólo evangelizó por toda la Andalucía actual, sino que también anduvo por el sur de La Mancha y Extremadura. Fundó numerosos seminarios y colegios y animó a la creación de la Compañía de Jesús. Organizó la Universidad de Baeza. Enfermó en 1554, pero aún siguió en activo quince años, hasta que empeoró visiblemente en 1569 y murió el mismo año en Montilla, siendo enterrado en la Iglesia de la Encarnación de dicha localidad.
El 4 de abril de 1894, el papa León XIII beatificó a Juan de Ávila. El 2 de julio de 1946 Pío XII le declaró Patrono del clero secular español y Pablo VI lo canonizó en 1970. Cuatro décadas más tarde, Benedicto XVI lo nombraba Doctor de la Iglesia.

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