La apoteosis de Juan de Mesa


Juan de Mesa
Cristo de la Agonía de Vergara./Foto: Jesús Caparrós

¿Qué relación guardan Córdoba, Alcalá la Real, Granada, Sevilla y la localidad guipuzcoana de Vergara? La respuesta se halla en la exposición que, durante este mes de abril, la comunidad carmelita del convento del Santo Ángel de Sevilla ha ´llevado a cabo con tres imágenes de Pablo de Rojas, Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa. Hay una huella cordobesa en esos muros. Desde el autor del impactante Cristo de la Agonía, hasta el gran artífice de esta singular muestra, el carmelita cordobés Juan Dobado. Éste realiza un recorrido que guarda a los tres mejores exponentes del barroco. Desde el manierismo de Rojas hasta la apoteosis barroca de Mesa, los tres crucificados sobrecogen al devoto y maravillan al espectador que se deja envolver por el arte en estado puro.
Fray Juan Dobado./Foto: Jesús Caparrós

Manierismo
“La exposición es sobria”, comienza explicando Dobado, en uno de los laterales del altar. “Está dispuesta en referencia a cómo la hemos titulado Presencias. Así, Montañés aparece como aprendiz de Rojas; genio, en su madurez con el Cristo de los Desamparados; y maestro de Mesa, reflejado en el crucificado de la Agonía. Por eso comienza con el crucificado del Seminario Mayor San Cecilio de Granada. Se trata de una obra que se talla alrededor de 1578, para 1580 parece que ya estaba esculpida. Se realizó para el convento franciscano de la Zubia y, de ahí, pasó a la residencia de verano del arzobispado de Granada y ya quedó dentro de la diócesis.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo del Seminario de Granada de Pablo de Rojas./Foto: Jesús Caparrós

El carmelita prosigue narrando como Pablo de Rojas es el gran maestro de Montañés. Era de Alcalá la Real y, “los padres de Montañés viendo la destreza que ya tenía de niño, deciden trasladarse con su hijo a Granada para ver el futuro que podía tener dentro del mundo del arte”. Por eso, “lo más normal es que busquen al ‘paisano’ y aprenda con él. Ya Pacheco dice que trabajó con él, pero no se conoce el tiempo que permaneció allí. Sabemos que regresó después al taller, pero lo importante es que Montañés tomó elementos del arte de Pablo de Rojas”.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo del Seminario de Granada de Pablo de Rojas./Foto: Jesús Caparrós

“Estamos ante un Cristo de una tendencia maniertista”, continúa Dobado. Con una línea serpentina desde los pies hasta el hombro, el fraile desvela que “es una obra que llama mucho la atención en Sevilla porque este tipo de policromías tan blancas, aquí no gustan. Sin embargo, en Granada son muy habituales”. Es un Cristo muerto y para reflejar ese aspecto se utilizan los tonos azulados. “Si no tuviera la herida del costado estaríamos ante un Cristo dialogante”, subraya Dobado. Es cuadrado: 1,70 de alto por 1,69 de longitud de brazo. “Rojas parece que va buscando ese modelo del hombre del Renacimiento de Leonardo, que ya no seguirán ni Montañés ni Mesa”.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo del Seminario de Granada de Pablo de Rojas./Foto: Jesús Caparrós

Clasicismo barroco
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de los Desamparados de Juan Martínez Montañés./Foto: Jesús Caparrós

El recorrido llega al centro del altar, donde está situado el Cristo de los Desamparados. “Es su último gran crucificado”, indica Dobado. El primero es el de Lima (para donde realizó dos, el de la Merced y el de la Catedral); después esculpió el de la Clemencia que se encuentra en la Catedral de Sevilla, que se conoce popularmente como el de los Cálices; y el último de la serie es éste, realizado en 1617. Todo en colaboración con Pacheco que es el policromador. Por eso, “se hallan estas cuatro tablas con pinturas de este último -representando cuatro escenas de la vida de San Juan- que, el día de la presentación, nos regaló un coleccionista de su obra”. Al hilo de esa explicación, el carmelita señala que “esto recuerda que esta casa tuvo 11 Pachecos, hasta los franceses. Es como si hubiera vuelto a su casa por los designios del Señor”. Además, insiste en que todos estos artistas vivían muy cerca del Santo Ángel y tenían mucha relación con uno de sus frailes -gran predicador de la corte-, fray Luis de la Cruz y entre ellos había una gran amistad. En la Galería de Sevillanos Ilustres aparece.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de los Desamparados de Juan Martínez Montañés./Foto: Jesús Caparrós

Frente al crucificado Dobado es categórico al afirmar que “la anatomía es perfecta. Es un Cristo que inspira mucho; muy dulce y sereno, pero cuando te colocas debajo y le miras la boca, aún tiene los dientes apretados”. Por ello, subraya que se trata del momento mismo de la muerte y “es el único de patetismo que le queda a la imagen”. Contemplando, ensimismado, al crucificado de Montañés, el fraile lanza una interesante reflexión: “es muy curioso que se ha investigado y todos ellos tienen la primera edición de las obras de San Juan de la Cruz”.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de los Desamparados de Juan Martínez Montañés./Foto: Jesús Caparrós

La apoteosis
Los pasos conducen a la derecha del Cristo de los Desamparados, donde se halla la otra gran joya de la exposición. “El Cristo de la Agonía es la apoteosis barroca de Juan de Mesa”, comienza asegurado Dobado. La obra es de 1622 y en ella se refleja cómo va evolucionando la historia del arte. Juan de Mesa está independizado del taller de Montañés desde 1615, pero colabora con su maestro. Y realiza la última versión de los crucificados. Comienza con el Amor que lo realiza un año después de Desamparados, por eso mucha gente cuando lo mira ve ese paño de pureza, que es lo último que Mesa vio en el taller. Después esculpe el de Montserrat, después el de la Almudena de Madrid, Osuna, el de Cabezas de San Juan y la apoteosis es éste.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de la Agonía, de Juan de Mesa./Foto: Jesús Caparrós

No se trata de un encargo para ninguna hermandad u orden, explica el carmelita. Lo contrata un comerciante vasco para su capilla funeraria en Vergara, Guipúzcoa. Probablemente, le deja libertad absoluta para que haga una obra de inspiración personal. Y lleva a cabo este portento que, por eso, se le llama el Laocoonte español. La idea era traerlo para que se le someta a un proceso de limpieza que nunca ha tenido. Ya se ha conseguido una parte del dinero, entre instituciones vascas y españolas, para que el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico comience con los trabajos. Antes se volverá a ver aquí y tendrá una policromía muy similar, no tanto al de Desamparados, pero parecido. Tal vez, similar al de Buena Muerte. Se le va a restituir la corona de espinas.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de la Agonía, de Juan de Mesa./Foto: Jesús Caparrós

“La iniciativa ha sido nuestra”, explica el padre Dobado. Éste subraya que cuando termine el proceso podrá apreciarse por completo la cantidad de sangre que recorre el cuerpo de la imagen y pone énfasis en que la herida de las rodillas, en las tres imágenes, se halla en la derecha. “Esto podría deberse a las revelaciones de Santa Brígida”.
Rojas, Montañés y Mesa
Cristo de la Agonía, de Juan de Mesa./Foto: Jesús Caparrós

Finalmente, Dobado explica que han decidido ampliar una semana más la exposición para atender, en la medida de lo posible, el gran número de visitas que están recibiendo. Calcula que ya han podido ser alrededor de 70.000 y que, uno de los sábados llegaron a contar 5.500. “ha venido mucha gente de Córdoba y es emocionante ver cómo se sientan en el banco, frente a él, y pueden pasar horas contemplándolo”.

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