La Sangre retira a sus titulares del culto


La corporación de Capuchinos recomienda a sus hermanos la adoración al Santísimo en San Jacinto, mientras se efectúan las labores de mantenimiento del Santo Ángel

Nuestro Padre Jesús de la Sangre./Foto: Rafael A. Ojeda
Nuestro Padre Jesús de la Sangre./Foto: Rafael A. Ojeda

El cierre, durante buena parte de esta semana, de la iglesia conventual del Santo Ángel ha propiciado que la hermandad de la Sangre haya decidido retirar a sus titulares del culto. Esta eventualidad, se prolongará durante un breve lapso de tiempo -entre este lunes 17 y el viernes 21 de abril-, ha propiciado que la corporación del Martes Santo haya ofrecido la posibilidad de que, “en honor a su carácter sacramental, y siguiendo nuestras más profundas creencias, recomienda a sus hermanos y devotos la visita al Santísimo Sacramento del altar en la vecina iglesia de San Jacinto, a la espera de poder volver a hacerlo en nuestra sede canónica”.
Cabe recordar que la breve clausura de la iglesia conventual se debe a que se van a realizar trabajos de mantenimiento en el templo. Las mismas consistirán en la pulimentación de todo suelo del recinto sagrado, así como en distintas labores de limpieza del mismo. Unas actuaciones que, en el caso de la otra hermandad con sede canónica en el Santo Ángel, la de la Paz, no suspenderán la veneración a los titulares de la corporación del Miércoles Santo, ya que estos podrán ser visitados en la nave anexa al convento de Capuchinos.
La estancia donde permanecerán tanto el Señor de la Humildad y Paciencia como María Santísima de la Paz y Esperanza será, por tanto, la misma que ha acogido a las imágenes durante buena parte de esta Semana Santa. De hecho, en las jornadas del Viernes y el Sábado Santo los titulares, entronizados en sus respectivos pasos de salida, fueron visitados por un elevado número de fieles. Y es que la hermandad de la Paz dispuso un amplio horario de apertura de la nave. Una iniciativa que, además de la gran respuesta obtenida por parte de los devotos, tuvo también el fruto de una amplia recogida de firmas para adherirse a la coronación canónica de la Virgen de la Paz y Esperanza.

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