La conjunción perfecta del Miércoles Santo


Los sones de EternidadLa Pasión clausuraban, en la ya madrugada del Jueves Santo, el paso de las hermandades por el templo catedralicio. Así, la cuadrilla del Cristo de la Piedad, al son marcado por la banda de cornetas y tambores Sayones de Pozoblanco, dejaban el mejor sabor de boca a una de las jornadas más esperadas de la Semana Santa cordobesa. La misma contó con la presencia del obispo en el palco de autoridades de la carrera oficial.

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María Santísima del Rocío y Lágrimas./Foto: Luis A. Navarro

La hermandad del Perdón lucía sus mejores galas para salir, desde San Roque, al entorno histórico y monumental de la ciudad. Deanes y Manríquez se llenaron de Luz al paso del misterio de la Bofetá, que estrenaba respiraderos, mientras el Señor portaba la nueva túnica de brocados. La cofradía recorría un itinerario inédito en la segunda parte de su itinerario para ofrecer hermosas estampas; si bien, ya a su paso por la Catedral, María Santísima del Rocío y Lágrimas atrapaba las miradas en el Patio de los Naranjos. Exquisitamente vestida, el exorno floral de los pasos fue otro de los aspectos que llamaron la atención, gracias a su sobresaliente disposición.
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Nuestra Señora del Mayor Dolor/Foto: Eva M. Pavón

Desde su salida en San Lorenzo, la hermandad del Calvario llegó a la Catedral con el corte clásico de una hermandad que se disfruta en la mirada dulce de Jesús, así como en el rostro pálido de la Virgen del Mayor Dolor. La imagen miraba al cielo, desde donde Francisco Paz, el Maño, le devolvía la mirada cariñosa a su Madre. La caña, con el crespón que la enlutaba, recordaba en el respiradero frontal del paso la figura de este cofrade ejemplar que falleció hace poco más de un mes. Un hermoso gesto que acompañó el recorrido por la Vía Sacra de la corporación.
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Paz y Esperanza./Foto: Eva M. Pavón

Alegría y elegancia fueron los distintivos de la hermandad de la Paz, que a su paso por la Trinidad quiso tener el debido gesto con los ancianos, demostrando que el compromiso -que llaman social-, se entrega en cada detalle, en cada gesto. Con la escolanía recuperada para acompañar a la Paloma de Capuchinos, especialmente emotiva fue la entrada de la Paz y Esperanza en la plaza del Triunfo. Allí, las voces angelicales de los niños de la Divina Pastora dejaron la esencia de una cofradía alegre e impactante. Y este último aspecto se produjo cuando el misterio de Humildad y Paciencia atravesó el Arco de las Bendiciones para regresar al Patio de los Naranjos. C0n una chicotá que define el carácter poderoso de su cuadrilla, los costaleros que dirige Vicente despertaron la admiración de los fieles allí congregados.
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Cristo de la Misericordia/Foto: Luis A. Navarro

La jornada subió de tono, al paso del cortejo de la Misericordia Con una nueva puesta en escena que roza la perfección, la cofradía de San Pedro dejó notas de clasicismo y elegancia como pocas. El paso vibrante y sobrio del crucificado de San Pedro se enaltecía aun más con los sones exquisitos de Caído y Fuensanta. La elegancia de la Virgen de las Lágrimas en su Desamparo, espectacularmente ataviada, desde la sobriedad, en una conjunción perfecta con la cuadrilla de costaleros que dirige Enrique Garrido, ponía el broche en cada tramo que recorrió la corporación de San Pedro.

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Nuestro Padre Jesús de la Pasión./Foto: Eva M. Pavón

El nuevo guión corporativo anunciaba la llegada de la hermandad de la Pasión. Una pieza que, además de llamativa, viene a enriquecer la estética de la cofradía del Alcázar Viejo. Un barrio donde la corporación que dirige Manuel Díaz ampliaba su recorrido y la respuesta no fue otra que la entrega y el calor de los vecinos a sus titulares. Imágenes sagradas que, en el caso del Señor de San Basilio dejaron chicotás para el recuerdo. Así y de nuevo en el Patio de los Naranjos, los costaleros que dirige Félix Pelayo avanzaron en su plena idiosincrasia, desde las Palmas a Santa Catalina con la música de Santo Tomás de Villanueva. Tras él, la Virgen del Amor se dejaba acariciar por los exquisitos sones de la Municipal de Coria y las órdenes precisas de Luis Miguel Carrión y su equipo de capataces.
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Cristo de la Piedad/Foto: Luis A. Navarro

Recién comenzado el Jueves Santo, la hermandad de la Piedad ponía el broche al comienzo del final de una Semana Santa que, mucho más allá de lo meteorológico, brilla en la Catedral. El espacio sagrado donde el crucificado de las Palmeras y la Virgen de Gracia, Dulzura y Esperanza Nuestra atravesaron hasta en dos ocasiones la Puerta de las Cofradías para anunciar que los misterios centrales de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo estaban a punto de iniciarse.

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