Una "levantá" de Curro para Curro


La salida de la Virgen de la Trinidad a la plaza que lleva su nombre dejó uno de los momentos inolvidables del Martes Santo

Curro
María Santísima de la Trinidad./Foto: Luis A. Navarro

Un costalero cogió una flor que exornaba el palio de María Santísima de la Trinidad y se la entregó a uno de los devotos que estaban en la plaza. Se trataba de Francisco José Pérez Moreno, Curro, cofrade muy vinculado a la parroquia de la Trinidad y a sus hermandades -a la que hay que sumar la de la Sagrada Cena-, que padece una enfermedad degenerativa desde su infancia.
Currillo, como popularmente se le conoce y que iba acompañado por su padre, perdió a su madre hace unos meses a causa de un repentino fallo cardiaco. Por este motivo, el costalero del Lirio Blanco de la Trinidad quiso tener un espontáneo y emocionante gesto que, el capataz de la Virgen, Luis Miguel Carrión Curro, completó dedicándole una levantá. En la misma, Carrión tuvo emotivas palabras para recordar a Loli Moreno y pidió a la Trinidad que cuidara de Currillo y de su padre. Así, el mensaje del capataz venía a incidir en uno de los pilares fundamentales en los que basa su concepción de la labor del costalero. La misma radica en que la misión de quienes portan a las imágenes sagradas desarrollan una labor fundamental, puesto que acercan la devoción a quienes necesitan de ellas, para rezarles, pedirles salud o agradecer lo que éstas han hecho por ellos.
La tarde del Martes Santo dejó un momento que ya pasa a formar parte de la particular historia de la hermandad de la Santa Faz, así como de Curro y su cuadrilla. Pero, aun más importante, de Currillo y de su padre, quienes recibieron el afecto y el consuelo de los cofrades del Martes Santo y de la comunidad parroquial representada en el cortejo. El mismo alcanzó, minutos más tarde, el monumento de Antonio Gómez Aguilar a quien rindieron otro emocionante homenaje en una estación de penitencia que, por novedosa en horarios e itinerarios, tuvo pasajes para ahondar en sus orígenes.