La Catedral se reencuentra con su historia


Las hermandades del Lunes Santo terminan la jornada salvando parcialmente el retraso en el horario de carrera oficial, mientras regalaron impactantes imágenes en la Catedral como las de las hermandades de la Merced, Estrella o Ánimas. Un reencuentro con historia de dos cofradías, el estreno de otra y la ratificación de las tres restantes dejaron instantes que muestran la dimensión de una de las jornadas más completas de la Semana Santa

Coronación de Espinas./Foto: Eva M. Pavón
Coronación de Espinas./Foto: Eva M. Pavón

La cruz de guía llegaba cinco minutos antes del horario previsto a la Puerta del Puente, a su cita con la historia. Los elegantes hábitos mercedarios rompieron sus particulares cadenas del tiempo, de las ausencias y las ganas reprimidas durante tantas noches de Lunes Santo. La jornada, que había comenzado tres horas antes, iba a paso largo, ofreciendo la medida exacta de cómo debe caminar una cofradía. Las capas atravesaron la plaza del Triunfo y Torrijos para llegar a la Puerta del Perdón. El sol seguía brillando y, sin embargo, no había diferencia con aquella década de 1990 cuando en las primeras horas del Viernes Santo la cofradía realizaba su estación de Penitencia. Coronación entró poderoso, sin concesiones, con su banda afinando a la perfección cada nota. Tras el Señor, Ella. De la mano de su prioste y pregonero, Santa María de la Merced lucía más bella en un palio de ensueño, mientras en su rostro se adivinaba la alegría de quien regresa a su hogar.
Dulce Nombre./Foto: Rafael A. Ojeda
Dulce Nombre./Foto: Rafael A. Ojeda

Desde el Puente Romano, la archicofradía de la Vera Cruz contemplaba la escena en los albores de su estación de penitencia. Camino de las tres décadas de la primera salida, la Catedral era, es y será origen y destino de una procesión que estrenaba reliquia, el lignum crucis. Los pasos decididos de los nazarenos de San José y Espíritu Santo mostraban la confianza de quien conoce su camino, el itinerario espiritual que, entre los muros de Santa María de la Asunción alcanza su dimensión espiritual completa. El contratiempo sufrido con la articulación del brazo del Señor de los Reyes no impidió que la corporación realizara una brillante estación de penitencia en la Catedral.
Virgen de la Estrella./Foto: Eva M. Pavón
Virgen de la Estrella./Foto: Eva M. Pavón

En la iglesia de San Fernando el trayecto se prometía largo e intenso para la hermandad de la Estrella. La misma que dejó estampas por descubrir en los Jardines de Agricultura y en el Paseo de la Victoria. El cortejo llegaba hasta el punto donde se halla el monumento erigido al que fuera uno de los grandes dinamizadores de las cofradías cordobesas, Antonio Gómez Aguilar. Así, ante su efigie y recibidos por el hermano de la Santa Faz, Cristóbal Bajo, la comitiva encabezada por el máximo responsable de la corporación de San Fernando, Juan Rodríguez, realizaba una ofrenda floral a la memoria de Gómez Aguilar., dejando una hermosa estampa que, poco después, tendría su correlato en la Catedral.
Señor de la Sentencia./Foto: Luis A. Navarro
Señor de la Sentencia./Foto: Luis A. Navarro

El retraso que se había acumulado, en parte de los horarios parciales de la carrera oficial, fue recuperado en cierta medida por el tramo de Virgen de la hermandad de la Sentencia. La cofradía de San Nicolás, que roza los seis centenares de nazarenos, mostró su buen hacer comprimiendo el elegante cortejo que, más allá de las capas, parecía caminar como aquellos otros de ruán. Un sabor clásico asumido como propio, que se corroboraba en el andar seguro de los pasos del Señor de la Sentencia y Gracia y Amparo. Pero además, en la elegancia de sus bandas. Así, la puesta de largo de Esencia de Sevilla vino a corroborar aquello que, hasta 2016, mostrara en el Císter, la pureza absoluta de las cornetas,tal y como la concibió Escámez.
Cristo de la Salud./Foto: Luis A. Navarro
Cristo de la Salud./Foto: Luis A. Navarro

Tras el metal de Esencia y la maestría de la banda alcalaína del Águila, se hizo el silencio. El tambor ronco del vía crucis anunciaba el encuentro inmediato con el Santo Cristo de la Salud. En cada estación, en cada golpe contra la piel que rasga la noche con los brazos del crucificado de la Trinidad, la cofradía ofrenda a la ciudad el contrapunto necesario a su Semana Santa, para que esta sea completa, total. Y a su paso la plegaria, la oración profunda se confunde con los sentidos para dotarlos del entendimiento definitivo.
Virgen de las Tristezas./Foto: Luis A. Navarro
Virgen de las Tristezas./Foto: Luis A. Navarro

La comprensión se encarnó en el crucificado que camina sobre el tiempo desde San Lorenzo. En la Puerta del Perdón, la silueta del Cristo del Remedio de Ánimas emergió poderosa, entre las tinieblas de su incienso. La imagen no dejaba lugar a la duda. Dios hecho hombre. El velo se mecía con la primera brisa, del ya Martes Santo, y el Cristo retomaba el camino de su tiempo desde la Catedral. Todo, para dejar paso a la Virgen de las Tristezas y completar la realidad completa de un Lunes Santo que escribió el primer capítulo de una historia que no ha hecho sino comenzar.

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