El salto al futuro del Domingo de Ramos


La Semana Santa firma un inicio brillante en el que, se da inicio a una Semana Santa ilusionante, que marcará el camino de los días venideros

Nuestro Padre Jesús de los Reyes./Foto: Eva Pavón
Nuestro Padre Jesús de los Reyes./Foto: Eva Pavón

Por la calle del Poyo venía la Virgen de la Concepción. La dolorosa de Juan Ventura recorría, al caer la noche del Domingo de Ramos con su candelería flamígera, la estrecha vía que Córdoba le dedicara a su imaginero más ilustre, Juan de Mesa y Velasco. Horas antes la hermandad del Huerto había precedido por este itinerario a la de Santiago. Y ambas corporaciones dejaban en el ambiente, el salto al futuro de un Domingo de Ramos que ya sólo se entiende en la Catedral.
Horas antes, el paso de misterio de la Entrada Triunfal en Jerusalén atravesó grácil la puerta de la nave 17. El palio de la Palma hacía lo propio y la historia ya estaba escita sobre los pies de sus costaleros, en el rostro de los niños que, en una muestra de la unidad de las cofradías. La misma que se proyectaba en las 12 esclavinas de la hermandad de la Cena, que se convertían en los pequeños apóstoles del Domingo de Ramos. Las campanas de San Lorenzo aguardaban para saludar al Señor de la Entrada Triunfal y a su madre, mientras Córdoba celebraba el comienzo de una Semana Santa, Patrimonio de la Humanidad.
Domingo
Cristo de las Penas./Foto: Jesús Caparrós

Y así llegó la tarde en que, tras un año de impasse por las circunstancias meteorológicas, la hermandad de las Penas de Santiago regresaba al templo que es suyo. El Señor caminó De vuelta a Santiago, nada más cruzar el Arco de las Bendiciones, para convertir la Puerta de Santa Catalina, en el Alma de Dios, que interpretó con solvencia la agrupación musical de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta. Los escudos llenaron de luz a la Virgen que guiaba, de forma impecable, David Arce.
Ávila Domingo
Nuestro Padre Jesús de las Penas./Foto: Rafael A. Ojeda

Los pasos trajeron hasta el recinto catedralicio al otro Señor de las Penas. Al Gitano que, sobre su misterio, recibía en los muros de Santa María de la Asunción, el propio obispo. Palabras de ánimo, fe y aliento hacia los dos titulares de la hermandad que, en María Santísima de la Esperanza que, poco después encontraban la respuesta en el homenaje al tristemente desparecido Pepe Ávila. Él, que ya descansa junto al Señor de San Andrés, seguro que confortó el lamento de la inesperada pérdida durante la levantá que llenó de recuerdos la marcha interpretada por Pasión de Linares, y que dejó la impronta de la música de la que siempre fue bandera.
Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado./Foto: Luis A. Navarro
Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado./Foto: Luis A. Navarro

En Cardenal González no cabía un alma, mientras en la Catedral se acompasaban los sones de Mi Amargura, para la Virgen de los Trinitarios. Entre tanto, el Señor de Córdoba, el que todo lo llena y escribe su particular Domingo de Ramos cuando Nissán está más cerca, se bastó para convertir el primer templo en su casa. En un plano conmovedor donde, una imagen tan aparentemente frágil, se convierte en el Dios poderoso del que hablaron las Escrituras. El Nazareno, cautivo y Rescatado, no necesitó más ley que su presencia, para convertir el agua en vino, caminar sobre la mar y dejar tras de sí la aureola mística que completaban los sones de Coronación de Espinas.
Domingo
Nuestro Padre Jesús del Silenco./Foto: Luis A. Navarro

Valme encarnaba la banda sonora de un Domingo de Ramos, donde sorprendió su adaptación a viento metal del Gabriel´s Oboe, acompañando al Señor del Silencio. La misión recreada en el mando de Lorenzo de Juan, dejando testimonio de veteranía y experiencia, ante el paso áureo del Cristo del Amor. El mismo que mediaba un cortejo que completó alegre la Virgen de la Encarnación. La imagen alegre de una jornada que se agotaba en las gubias de su autor, Luis Álvarez Duarte, que le ha regalado una segunda juventud.
Palio de la Virgen de la Candelaria./Foto: Jesús Caparrós
Palio de la Virgen de la Candelaria./Foto: Jesús Caparrós

Y el epílogo llegaba con el Señor del Huerto. La oración, sudada de sangre, que en la mirada expresiva de la imagen de San Francisco encuentra las respuestas que todos buscan y rezan y que el asumió para alcanzar a la humanidad una redención, que tenía inscrito el nombre de la agrupación que regresaba él. Mientras, la cuadrilla del Amarrado a la Columna derrochaba una fuerza que se contraponía con la elegancia exquisita de la Candelaria. La banda, el repertorio y el caminar elegante y clásico de una cuadrilla que roza la perfección, se conjugaban para dar, finalmente, el salto al futuro del Domingo de Ramos.