No pasa el tiempo por Jesús Caído


Vía crucis de Jesús Caído./Foto: Luis A. Navarro
Vía crucis de Jesús Caído./Foto: Luis A. Navarro

La noche de este Viernes de Dolores dejaba imágenes que caminan entre la historia y el recuerdo. Una de las mismas es la de Nuestro Padre Jesús Caído que, tras un proceso de restauración que se prolongaba durante cinco meses, regresaba el pasado mes de marzo con un semblante que ha recuperado el brillo original de su rostro. El Señor regresaba al convento de San José (San Cayetano), en parihuelas y arropado por una multitud de fieles que, al igual que en su vía crucis, quiso estar cerca de una de las devociones más arraigadas de la ciudad.
Devotos que se agolparon en uno de los puntos más emblemáticos del Jueves Santo, la cuesta de San Cayetano. Allí, Jesús Caído detuvo el nuevamente tiempo que, gracias a la labor de Enrique Ortega y Rosa Cabello, ha recuperado para regresar a su esencia primigenia. Una labor de conservación y recuperación minuciosas para una talla que, como indicaba el vicehermano mayor de la corporación, Rafael Roldán, ha destacado por el buen estado en que se hallaba la imagen, a tenor de la antigüedad que posee. Y que ahora ha sido devuelta a la hermandad que conserva intacto su culto y a la ciudad que lo venera.
En cada estación del vía crucis, el Señor tomaba el testigo de la historia que lo ha traído hasta aquí. La misma que ha encontrado singularidades que han escrito un capítulo más. Así, la talla ha coincidido en el taller de Regespa con otra de gran acervo devocional, la del crucificado de la Caridad. Al igual que ocurriera en dicho espacio con las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores y San Rafael, Caído y Caridad han dejado durante cinco meses el testimonio material de dos devociones renovadas en la apariencia, pero que -como mostraba el vía crucis del Viernes de Dolores- parten de la conciencia profunda de Córdoba.

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