Rafael Jaén: "Jamás solicites tu papeleta de sitio como el que adquiere una entrada"


“Jamás solicites tu papeleta de sitio como el que coge o adquiere una entrada. No lo hagas nunca. Porque si lo haces alguna vez, habrás pervertido la esencia misma de lo que proclamamos en la calle”. Estas palabras de Rafael Jaén, proclamadas durante la cuarta exaltación al nazareno que organiza la hermandad de la Sangre, definen la esencia de un pregón que ha tenido lírica, emoción y una verdad profunda que ha partido de una profunda fe, expresada desde el atril y transmitida a los asistentes.

Jaén
Rafael Jaén durante la exaltación./Foto: Jesús Caparrós

El nazareno, la figura que esencia y da sentido a las hermandades, se iba a convertir en el protagonista de la noche del cuarto viernes de Cuaresma. Antes de que Jaén se dispusiera a glosar su figura en el atril, el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado, desgranaba la figura del veterano cofrade, de su amigo. Sinceras palabras que se mezclaban con la técnica impoluta de la banda de la Esperanza, que puso otro de lo puntos de interés al esperado evento. Luego Jaén tomó la palabra para regalar una exaltación, medida en lo temporal, elegante en las formas e intensa en su significado.
“Sólo, en tu silente retiro voluntario, resumes todo un año en unas horas”. Comenzaban los versos introductorios que ya seducían al público con su cadencia de pasos silenciosos que confluían en la figura, cubierta y anónima, de quien lleva “la luz, tu única compañera de viaje, conduce tu plegaria hasta el regreso”. Tras los saludos, la intervención del exaltador iba a recorrer pasajes de su propia vida, cuando “de niño, allá en Posadas, recuerdo como mi madre me vestía con la túnica de la Hermandad de Jesús Nazareno al igual que a mis hermanos y eso que no éramos pocos; casi un Tramo sólo para nosotros”.Un infante al que aún le “consuela el tintineo de tus varales jugando entre los flecos de tus cuidadas bambalinas, que escucho desde lejos y sin volver la mirada ni siquiera un sólo instante para verte, mirarte, contemplarte”.
Jaén ha regalado un relato coherente de lo que supone vestir la túnica, que se erige como un regalo heredado que hay cuidar y proteger. “Más aún, cuando se avecinan tiempos turbios para conservarla intacta y cuando más debemos demostrar que lo somos, enarbolándola como bandera de amor entre los hombres”. Por ello, ha afirmado que “nuestra fuerza es el ejemplo y el ejemplo es Él. Jesucristo hijo de Dios vivo verdadero y como intercesora, Ella. María. Única mediadora de nuestros miedos, dudas y temores”. De tal manera que ha concluido animando a los presentes a salir “a la calle, un año más, hermanos penitentes, a dar muestras de ese amor inmenso”.

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