¿Quién de nosotros no ha sufrido debajo de un paso y se ha sobrepuesto?


El capataz de la Redención, Juan Rodríguez, ofrece un pregón donde ha ahondado en los sentimientos y la reflexión personal

“Ser costalero es una forma de vivir y espero que en esto estéis conmigo”. Estas y otras reflexiones han marcado el pregón del costalero que, el capataz de las cuadrillas de la Redención y la Caridad, Juan Rodríguez, ha pronunciado en la iglesia de la Magdalena. Una pieza en la que ha ahondado en los sentimientos, la reflexión personal y, dentro de ésta, en su visión de la situación actual de este ámbito de las cofradías. En su declamación ha habido espacio para sus grandes devociones.

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Juan Rodríguez en un momento del pregón./Foto: Paco Román

La agrupación musical de la Sagrada Cena anunciaba con sus sones el comienzo del acto. Los sones de Cristo Rey, la marcha que el jerezano Rafael Villén ha compuesto para el Señor de la Fe, volvían a elevarse una semana después de su estreno. En el pequeño altar que disponía la hermandad de Poniente para el acto se hallaban el llamador de Redención, un cojín que le bordó su prima para su primera salida como cargador, un costal con la imagen del Señor de la Huerta de la Reina, sus medallas de las cofradías de Córdoba a las que pertenece y su gorro legionario de paseo. Todo dispuesto para iniciar un pregón que, presentado por el cofrade Francisco Javier Giraldo, ha tenido mucho de experiencia y análisis. Así, en el arranque del mismo, las preguntas surgían de forma natural: “¿Quién de nosotros, cuando se ha incorporado a su primera cuadrilla, no ha llegado a la iglesia con su ropa de trabajo con la misma ilusión con la que recibíamos los regalos que en nuestra infancia nos traían los Reyes Magos?”
Rodríguez ha sido directo a la hora de exponer su visión sobre este ámbito y así no ha dudado en dejarlo de manifiesto, al señalar lo “difícil y fácil, a la vez, qué es ser costalero. Depende todo del grado de compromiso e implicación de cada uno y de su propia conciencia”. Y ha sido rotundo al destacar que “somos libres. Por eso caemos muchas veces en la apatía, en la desidia de obras y hechos y, como no, en la falsedad de nuestra propia palabrería y forma de actuar”. En consecuencia, el capataz ha asegurado que “debemos de ser personas abnegadas, tenemos frente a nosotros el espejo de nuestro Redentor hecho hombre y de nuestra Madre que nos guía y ampara. Ellos, sí se sacrificaron por todos sin pedir nada a cambio. Debemos de renunciar a nuestros deseos e intereses personales e intentar cumplir y seguir su palabra y su vida”.