La Trinidad acoge un diálogo musical

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El templo acoge un concierto, donde Clemente Mata y Rafael Wals deslumbran al gran número de asistentes que se dieron cita

La música, interpretada en un diálogo de dos órganos acariciados por Clemente Mata y Rafael Wals, acompañados por la coral polifónica Cantabile y los metales de la banda de María Santísima de la Esperanza; se ha elevado al cielo para realizar su ofrenda sublime en el ecuador de la Cuaresma. Así, la parroquia de la Trinidad ha acogido un concierto que ha hecho las delicias del numeroso público que no ha querido perderse un acontecimiento de los más singulares a los que se puede asistir, durante estos días.

Trinidad
Clemente Mata./Foto: Jesús Caparrós

Como indicaban los protagonistas de la actuación, “hemos planteado un concierto para la búsqueda personal a la conversión en este tiempo de Cuaresma, en un mundo donde es cada vez más difícil encontrar espacios y momentos para la meditación”. Y, partiendo de dicha premisa, la música sacra ha convivido con imágenes evocadoras de momentos del tiempo de Pasión. Ello aderezado con los textos sacros que declamaba el conocido cofrade, Fermín Pérez. Extraídos de la Escritura, los mismos también aludieron a Santa Teresa de Jesús, Luis de Góngora, Lope de Vega y Antonio Gala.
Con piezas que abarcaba desde el Barroco hasta la actualidad, Cantabile interpretaba Oh Crux Ave, de Richards Dubra, y O Sacrum Convivium, de Luigi Molfino; mientras que el grupo de metales de la Esperanza ejecutaba con maestría el Preludio en Fa “Wer Gott vertraut”, de Bach, así como Queen Mary Funeral Music, de Purcell. Los momentos culminantes han llegado con el diálogo que se ha establecido entre los órganos del director del coro y la orquesta de la Catedral de Córdoba y el compositor y miembro de Cantabile y la formación musical de San Andrés. Así, Mata daba muestra de su dominio por medio del Sortie Op. 29. Nº5, de Boëllman; mientras que Wals deleitaba al auditorio con la Marcha religiosa de Rotalas variaciones de Carmine Coppola. Amarguras de Font de Anta daba paso a las Saetas del silencio, donde los músicos se alternaban para conseguir una brillante unión final.
Sin duda, uno de los momentos más emocionantes del concierto se producía con la interpretación, por parte de todos los músicos, de la incomparable marcha de Pedro Gámez Laserna, Salve Regina Martyrum. Espiritualidad, maestría y espectacularidad se daban cita en la Trinidad para elevar la música a Dios, como la mejor ofrenda que realizar en este tiempo de Cuaresma.

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