Casi un cuarto de siglo sin el gran dinamizador de las cofradías


El que fundador de la Obra Pía o consiliario de la Agrupación, Antonio Gómez Aguilar, fallecía el 8 de marzo de 1993, dejando un legado de incalculable valor para las hermandades

En el Paseo de la Victoria, cercano a su parroquia, al antiguo colegio de la Trinidad -ahora museo- o la residencia, el busto del sacerdote Antonio Gómez Aguilar atestigua parte de la historia de la Córdoba del siglo XX. Prácticamente, un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su memoria sigue muy viva, no solo en cuanto al aspecto primordial de su ministerio, la importante labor social que realizó; sino que un buen número de cofradías pudieron nacer, crecer y consolidarse, gracias a su labor dinamizadora y dispuesta siempre al servicio.

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Antonio Gómez Aguilar, imponiendo la corona a María Santísima Nazarena./Foto: LVC

Don Antonio, como lo nombran quienes tuvieron la oportunidad de conocerle, nunca escatimó su ayuda a las hermandades que la solicitaron. Un ejemplo elocuente de su compromiso con las cofradías, lo explicaba el fundador de la Soledad, Carmelo García. Éste narraba como el grupo de jóvenes que supusieron el germen de la corporación franciscana buscaban un templo donde establecer su sede canónica. Ante la imposibilidad de establecerse en el convento de las Capuchinas y en la iglesia de San Miguel, los cofrades fueron a la búsqueda de Gómez Aguilar. Así y una vez le expusieron su situación, el sacerdote salió a decir misa. A su regreso, les indicó que, mientras daba el sacramento de la eucaristía había pensado que el mejor sitio para la naciente hermandad podía ser la parroquia de Santiago. Como recuerda el fundador de la Soledad, “si la idea había surgido ante el Señor Sacramentado, esa era la iglesia a la que debíamos acudir”.
Gómez Aguilar nacía en la víspera de la festividad de la Epifanía, 5 de enero de 1927. En 1939, entraba en el Seminario Mayor de San Pelagio de Córdoba. Fue uno de los siete sacerdotes ordenados tras la Guerra Civil, a la edad de 23 años. En 1953, fue nombrado párroco de la iglesia de San José y Espíritu Santo. Allí colaboró en la reedificación de la barriada de Fray Albino y en la ampliación del templo. En 1963 es nombrado párroco de la Trinidad. Un año más tarde funda el colegio Santísima Trinidad, al que seguirán el de la Santísima Trinidad II, dos parvularios, en las calles Colina y Burón y González López; varias guarderías infantiles; centros de Formación Profesional en las calles Lope de Hoces, Tejón y Marín, Buen Pastor y Sansueña; otro de Bachillerato y COU en Sansueña; así como tres residencias de ancianos (Santa María Magdalena, San Fernando y Santísima Trinidad). Una inmensa labor que, durante la década de 1980, se articularía en torno a la institución de la Obra Pía, que ha llegado a la actualidad y que mantiene vivas su labor y su figura, para comprender una porción importante de la Córdoba de la segunda mitad del pasado siglo.

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