En la Sacristía con… Carmelo García Rodríguez


En la siguiente entrevista, el fundador de la hermandad de la Soledad, descubre cómo fueron los orígenes de la actual corporación de Santiago

Es una tarde de domingo. Nada más entrar nos recibe una talla de tamaño académico que Carmelo guarda como un emblema. “Es una Virgen de la Soledad, pero representa la compañía. La Virgen está siempre con nosotros, es la Madre que te acompaña a ti. El cristiano que se sienta cristiano sabe que nunca está solo, siempre va acompañado”, explica. Nos invita a su oratorio, donde otra imagen de María recibe de frente. Se trata de una talla de Luis Álvarez Duarte, donde el rostro de la Virgen niña habla de una soledad suave, tierna. A su izquierda, la imagen dulce de un crucificado, realizado por Miguel Ángel González Jurado completa una estancia donde Santa Teresa, María Auxiliadora y un largo etcétera de pequeñas imágenes describen la fe de un hombre, entregado a Dios y a su obra.
Nos sentamos con Carmelo, sabedores de que la tarde va a ser muy corta. Y así comienza a describir otro tiempo, en el que se fundó la hermandad de la Soledad. Este nombre acompaña su vida y, por eso mismo, nunca ha estado solo, sino que la Virgen siempre lo acompaña.
-¿Quién es Carmelo?

Foto: Rafael Parejo
Foto: Rafael Parejo

-Soy un hombre en continua búsqueda, que ha pasado por muchos estadios en su vida, unos más negros y otros más blancos; y que puede decir, con total sinceridad, que es cofrade desde pequeño. Con tres años mi padre me averiguó un paso para el día de Reyes. Iba a todos los cultos, me sabía los horarios, itinerarios, de todas las cofradías. Soy un cofrade que ha ido caminando según lo que la vida le ha ido dando. He tenido algo muy bueno, y es que la Virgen siempre ha estado conmigo, incluso ayudándome en la enfermedad.
-Ha dicho en alguna ocasión algo así como que “habría sido cura y además, cura cofrade” ¿De dónde viene lo de cura?
-Tuve la suerte de educarme con los Salesianos y desde pequeño quise ser cura. En unos ejercicios espirituales, a los catorce años, me planteé que quería ser salesiano. Transmití este pensamiento al director del colegio y me respondió que no podía ir al noviciado hasta que hubiese cumplido los quince. Estuve tres años y, aunque me salí, no he dejado de ser salesiano. Mi padre es Don Bosco y tendré corazón salesiano hasta el día en que me muera.
-Cuando sale de los Salesianos, ¿hacia dónde se dirige su vida profesional?
-Estudié Magisterio. Al acabar el servicio militar tuve la oportunidad de entrar a trabajar en un banco, y lo acepté. En ese tiempo estuve unos años como perdido, incluso llegué a perder la fe. Pero un día, paseando por la calle María Auxiliadora, vi la puerta de la iglesia abierta, entré, me confesé y decidí que tenía que cambiar mi camino. Entonces tuve la suerte de hacerme hermano de la cofradía de la Paz y Esperanza. En aquella época las cofradías se limitaban a los cultos y al día de la procesión, no había nada más durante el año. Esto cambió a principios del año 1970 y a mí Don Bosco me mandó un regalo. Un día, trabajando en la oficina, llegó un grupo de muchachos preguntando por mí y me propusieron que fuese el director de una obra que querían poner en marcha para los ancianos. Nos reunimos en el local que tiene la Paz en Capuchinos y me encantó la idea. Empezó el proyecto a andar y siempre contamos con la colaboración de la Hermandad, teniendo en cuenta que nosotros éramos la Sección Juvenil (SJ), algo parecido a lo que hoy en día se llama el Grupo Joven de una Hermandad. En el año 1975, mientras veía con un grupo de jóvenes la Hermandad del Santo Sepulcro, se me ocurrió la idea de decir que sería bonito tener en Córdoba a una Virgen de la Soledad a los pies de la cruz. Fue simplemente un comentario, pero resulta que a uno de los muchachos que estaba allí, Paco Expósito, lo tuvieron que operar a los pocos días y Fray Ricardo llamó para interesare por él. No tuvo otra cosa que hacer que contarle la idea que había tenido yo. No tardó en llegar la llamada de Fray Ricardo, diciéndome que se había enterado de que quería hacer una Hermandad. Imaginaos cómo sería la conversación y cómo me puso la cabeza que le dije: “si en una semana consigo nueve o diez personas, me meto en el lío”. Al final conseguí esas personas, provenientes en su mayoría de la SJ.
-Cuando decide crear la hermandad, ¿ya piensa en la advocación de la Soledad?
-Sí, desde el principio esta advocación. Fray Ricardo me dijo que Luis Álvarez Duarte, todos los meses de mayo empezaba una Virgen nueva y que en ese momento estaba acabando una que podría ser para nosotros. Nos puso en contacto con un hombre estupendo que era Joaquín Sánchez y él estaba encantado con la idea. Cuando llamé a Fray Ricardo y le comenté que tenía un grupo de jóvenes (la mayoría estudiantes de Salesianos y del Colegio del Carmen) que se metían en el lío conmigo, me dijo que tenía que ver la Virgen que estaba haciendo Luis. Cuando vimos esa madera -porque ya la tenía en madera-, nos quedamos con la boca abierta porque era justo lo que queríamos. Era una Dolorosa con un llanto seco, con dos lágrimas. Se le apreciaba el dolor en las manos y en las venas del cuello, una Virgen trágica y, al mismo tiempo, serena. Al ver la imagen dijimos que sí y fuimos al obispado para intentar formar la Hermandad. Don Alonso García Molano, que era el encargado de las Hermandades en aquella época, nos comentó que ya teníamos en Córdoba a la Soledad de San Cayetano. Le respondimos que queríamos una Virgen de la Soledad al pie de la cruz. Nos ofreció hacer una Santa Cena, lo que nos extrañó porque si nos iba a costar trabajo pagar una imagen, cómo íbamos a pagar más figuras (risas). Nos fuimos al Patio de los Naranjos y llegamos a la conclusión de que o la Virgen de la Soledad o no hacíamos nada. A los pocos días me llamó Don Alonso y le transmití nuestro sentir. Vio que teníamos las ideas claras. Entonces me dijo que hiciésemos unas reglas provisionales y que ya veríamos. La Hermandad del Huerto, que tenía recién aprobadas las últimas reglas tras su refundación, nos dejó las suyas para que sirvieran de guía y así redactamos las nuestras propias.
-La hermandad de la Soledad surge en la misma sede que la de la Paz pero no se queda allí. ¿Por qué?
Foto: Rafael Parejo
Foto: Rafael Parejo

-Porque no queríamos hacerle la competencia. En primer lugar fuimos a las Capuchinas, para continuar en el mismo espíritu franciscano, pero las monjas se encontraban en el convento de Santa Marta ya que el monasterio de San Rafael estaba en obras. Les gustó la idea pero hasta que volvieran a su convento no decidirían. Pensamos en irnos mientras tanto a la parroquia y así llegamos a San Miguel. El párroco nos dijo que cofradías no quería pero al ser algo provisional, no le importaba. Mientras tanto hicimos los fines de la Hermandad. Posteriormente redactamos una serie de normas como no llevar capa o no tener varas para la estación de penitencia; solo podían salir los hermanos activos y no los niños. Era una Hermandad seria y en la que todos iban a ser iguales. El 20 de septiembre en San Miguel se bendijo la Virgen. Lo hizo Don Antonio Gómez Aguilar, que era el vicario de zona. Fue una persona que nos animó mucho en esta andadura que comenzábamos. Una vez que se bendijo la imagen, comenzamos a rendirle culto.
-¿La Hermandad se constituye estando en San Miguel o en Santiago? ¿Cómo acaba allí?
-En San Miguel estábamos de manera provisional. En diciembre de ese año las monjas vuelven y le comentan a Fray Ricardo que ellas tienen unos horarios muy especiales y que iba a ser un problema tener allí una cofradía. Fuimos a buscar a D. Antonio Gómez Aguilar y le contamos nuestro problema. Nos propuso varias iglesias pero nosotros le veíamos a todas algún inconveniente. Tuvo que irse a dar la comunión y nos dijo que siguiéramos pensando. Cuando terminó, no se nos había ocurrido nada pero a él se le había ocurrido que nos fuésemos a la iglesia de Santiago y aquello nos gustó. Pensé que si se le había ocurrido con el Señor en la mano, sería bueno. El párroco de Santiago nos dijo que tenía una capilla, el antiguo sagrario, que lo utilizaban de almacén. Si nos encargábamos de arreglarlo, podíamos poner allí a la Virgen.
-Cuando llegan a Santiago ya hay una Hermandad, las Penas, ¿cómo encaja la Virgen de la Soledad en esa parroquia y en el barrio?
-Ellos tenían a la Virgen de los Desamparados y en el barrio el Cristo de las Penas es el Cristo de las Penas. Sin embargo, la Virgen del barrio es la Soledad. Caló muy hondo en la gente e incluso hay algunos hermanos de las Penas de Santiago que dicen que su Virgen es la Soledad, a pesar de tener dos titulares marianas.
-¿Cuál es la experiencia de Carmelo el día que hace la Virgen estación de penitencia por primera vez?
-Ese día es muy importante para mí. Fue en el año 1978 y desde la primera vez procesionamos el Viernes Santo. Estábamos preparados para salir porque todo se hizo en sentido espiritual: el Viernes de Dolores, después del besamanos, se juraron las Reglas que por fin estaban aprobadas. Tras ello llegó la imposición de la cruz a los hermanos y una serie de reuniones en las que participaron todos los que formarían parte del cortejo. En primer lugar hicimos un visionado de la Pasión, luego vimos las normas para la salida y todos estábamos preparados: guardar silencio, no mirar hacia atrás… Conseguimos comprar un armazón de hierro y, como pudimos, los días previos al Viernes Santo, fuimos haciendo una especie de respiraderos en madera de ocumen. Teníamos claro que era algo que la gente no iba a entender, pero para mí siempre han sido más importantes los hermanos que el patrimonio. Fue un día muy importante, el día en que una familia echa a andar acompañando a su Madre. Sentía un orgullo inmenso de ver cómo esos muchachos habían conseguido hacer su estación de Penitencia como la hicieron, algo que gracias a Dios no se ha perdido, ese orden, recogimiento, silencio, etc. Para mí fue una experiencia única.
-La Virgen padeció también el incendio que afectó a la Iglesia de Santiago en 1979.
-El incendio fue al año siguiente de salir por primera vez. La Virgen se puso muy negra, pero tuvo suerte. Una noche nos encontramos que le prendieron fuego a una de las puertas de la iglesia. D. Pedro, el párroco, al percatarse, cerró las puertas de la capilla del Sagrario. Aunque eran de madera, fue lo que hizo que la imagen no sufriera tanto como sufrieron las imágenes de la Hermandad de las Penas, sobre todo San Juan y la Virgen de los Desamparados. Para nosotros eso fue un palo muy grande. Llamamos a Luis Álvarez Duarte, le comentamos el problema y nos dijo que se la lleváramos. Antes de eso, las dos Hermandades decidimos hacerle una despedida a las imágenes.
-Si hacemos una comparación desde la fundación de la Hermandad en el año 1975 hasta hoy, ¿sigue teniendo el mismo espíritu e identidad?
Foto: Rafael Parejo
Foto: Rafael Parejo

-Se han perdido cosas porque el ambiente no es el mismo que el de entonces. Además la Hermandad ha sufrido muchas dificultades. Había épocas en que no teníamos ni misa de Hermandad porque no teníamos dónde tenerla. Ahora, dicho por el actual hermano mayor, parece que quieren recuperar muchas cosas de esas que se han perdido.
-Con el paso de los años, ¿se siente satisfecho al ver que el espíritu de la cofradía se mantiene?
-Sí, a día de hoy sigue ahí la llama de los cimientos que pusimos.
-El espíritu cofrade, del que tanto se habla, ¿cree que se mantiene al mismo nivel de antes?
-No. Hoy en día creo que las juntas de gobierno sí están muy concienciadas. Además, tienen que aprovechar que la jerarquía del clero está muy volcada con las Hermandades, cosa que antiguamente no pasaba. En lo que se refiere a los hermanos, se sabe mucho de bandas, de marchas, de las maneras de andar de los costaleros, pero lo que es verdaderamente importante como la formación cristiana no se tiene. Llegan los cultos a un titular o cualquier reunión formativa y te encuentras que hay muy pocos hermanos de la cofradía. Por el contrario, si organizas un concierto de marchas procesionales, se llena el acto. Esto es una asignatura pendiente a día de hoy.
-¿Cómo cree que podría mejorar esta situación?
-Es muy difícil pero se tendría que actuar, aprovechar momentos como el reparto de túnicas, fiestas de Regla, besapiés…., e ir tirando de los hermanos en todos los sentidos, para que puedan colaborar en los diferentes ámbitos de actuación que tiene una Hermandad a lo largo del año.
-En su opinión hoy en día eso ha cambiado ¿Por qué?
Carmelo
Foto: Jesús Caparrós

-Hoy en día sí y es un momento que las Hermandades tienen que aprovechar para poder formarse y dejar de ser el vagón de cola de la Iglesia. Por lo que yo veo, a nivel institucional, la Iglesia apoya a las cofradías y da muchas facilidades para cualquier cosa.
-Este año será el primero en que en Semana Santa tengamos la carrera oficial en la Catedral, ¿cuál es su opinión?
-A mí me parece fundamental que todas las Hermandades hagan estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral. Para mí es un acto en el que decimos que somos iglesia y en el que se muestra la unión entre las cofradías y la Iglesia.
-Desde su punto de vista, ¿qué hay de bueno en las hermandades actualmente?
-Están más preparadas que hace cuarenta años. Solo hay que ver el nivel que tiene una cofradía en la calle, a nivel estético ha mejorado mucho y eso siempre es positivo.
-Sin embargo, a nivel estético todo es muy parecido, ¿no?
-Por eso me alegro de que la hermandad de la Soledad haya hecho un paso distinto. Para mí los pasos dorados son todos iguales, incluso las túnicas de varias cofradías son muy similares. Sin embargo, en ese aspecto, la hermandad de la Soledad ha hecho algo muy original, todo centrado en la Virgen pero todo muy austero y muy serio.
-¿Qué tienen que corregir las Hermandades hoy en día?
-Fundamentalmente la formación y reducir el “critiqueo” que hay entre ellas. Sobre todo, y más hoy en día, a través de las redes sociales. Somos hermanos, no debemos de criticarnos.
-¿Qué significa para Carmelo la Virgen de la Soledad?
-Para mí la Soledad no hace honor a su nombre, para mí es compañía. La Virgen está siempre con nosotros, es la Madre que te acompaña a ti. El cristiano que se sienta cristiano sabe que nunca está solo, siempre va acompañado.

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