Redención escribe su propia historia


La llegada del titular de la Huerta de la Reina a la Catedral culmina una brillante jornada para la hermandad de la Estrella

A 36 días de una de las semanas santas más esperadas que se recuerdan, Nuestro Padre Jesús de la Redención ha escrito, en la tarde-noche del primer sábado de Cuaresma, un capítulo brillante de su corta, pero intensa historia. El titular cristífero de la Huerta de la Reina ha recorrido las estaciones del vía crucis en el interior de la Catedral, dejando estampas inéditas. Mientras, a las puertas del templo mayor, del primero de la diócesis, lo esperaba su agrupación para emprender el regreso a su barrio.

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Nuestro Padre Jesús de la Redención./Foto: Jesús Caparrós

La lluvia ya no era una amenaza plausible cuando la corneta anunciaba la entrada del himno. El Patio de los Naranjos se vistió con la túnica del Lunes Santo para ser testigo de una despedida que se prolongará poco más de un mes. En la esquina de Magistral González Francés, la Virgen de los Faroles aguardaba al Señor, mientras su agrupación entonaba una marcha clásica, con sabor a historia, a otra década, a un cuarto de siglo que se ha celebrado en las calles de una ciudad que, en su entorno monumental se aglutinó para contemplarlo. Salud de San Bernardo sonaba a estreno, a un Cristo avanzando hacia su propio destino, mientras los estandartes quedaban atrás y la huella del tiempo era sólo la marca del primer paso. Las Hermanas de la Cruz esperaban a su ahijado y la Huerta de la Reina, a su Rey. Había aroma de Lunes Santo, de emoción contenida, de miradas que se pierden en el rostro de Dios, del Hijo del Hombre, de la imagen a la que se pide, se ruega y se le devuelve la sonrisa agradecida.
Alguien susurró “ya mismo vuelve”, cuando la túnica se balanceaba en la distancia exacta de la calle, donde el espectador y el devoto se deciden a buscarlo en otro rincón más para alargar una despedida que nunca es, sino un hasta luego. Todo era nuevo y, sin embargo, el sabor intacto del estreno cobraba el poso de la costumbre. La carrera oficial, la que se luchó durante más de un cuarto de siglo, ya se había probado. Y el Patio de los naranjos, los arcos, las columnas de mármol y los capiteles habían vuelto a contemplar a la vida misma pasar entre ellos. La noche cayó con su velo parco por las aceras, la agrupación musical encadenó un repertorio exquisito y Nuestro Padre jesús, el Redentor del mundo miró a su pueblo para regalarle el abrazo infinito de su propia historia.

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