El obispo establece los tres pilares fundamentales de la Cuaresma

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Oración, ayuno, limosna componen el "trípode clásico", sobre el que reflexiona el prelado en su carta semanal

La Cuaresma como tiempo de preparación para la Pascua centra las reflexiones de la carta semanal del obispo. En la misma prevalecen tres acciones fundamentales para que sea beneficiosa para el cristiano. Así, el prelado recuerda el “trípode clásico” que conforman la oración, el ayuno y la limosna. Estos abren “nuestra mente y nuestro corazón a la Palabra de Dios”, purifican el espíritu y son “la actitud de misericordia hacia los pobres y necesitados”.

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El obispo imponiendo la ceniza./Foto: José I. Aguilera

La primera parte de la misiva de Demetrio Fernández pone en liza el valor en torno al que gira y dirige este tiempo litúrgico, la Pascua. La misma es explicada como “un tiempo de renovación: cuarenta días para prepararla (Cuaresma) y cincuenta días para celebrarla (cincuentena pascual), que concluye con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés”. En consecuencia, el obispo destaca que “entre nosotros, además, coincide con la primavera, donde la creación se renueva, todo florece y cosechamos los frutos del año”. Lo que conduce a “la renovación más importante”, que es “la de nuestros propios corazones, y por eso hemos de ponernos en camino”. Estas afirmaciones del prelado caminan en pos de la profunda significación de la Cuaresma, la cual “recuerda los cuarenta años del pueblo de Dios por el desierto desde Egipto hasta la Tierra prometida, los cuarenta días de Moisés en el Sinaí para recibir las Tablas de la Ley, los cuarenta días de Jesús al comienzo de su ministerio público cuando lucha cuerpo a cuerpo contra Satanás y lo vence”. Por tanto,el prelado invita a que “entremos en ella con el deseo de revivir nuestro bautismo hasta renovar esas promesas bautismales en la vigilia pascual”.
La parte central de la carta orbita en torno a las tres notas definitorias de esta preparación: La oración, el ayuno y la limosna. Sobre la primera destaca que “es la respiración del alma, y a veces andamos asfixiados”. Y es que “Dios tiene mucho que decirnos, pero le es difícil decírnoslo si no estamos a la escucha”. Mientras que el ayuno “nos abre a las necesidades de los demás: una vida entregada y donada no piensa en sí mismo, sino en los que le necesitan. Esa espiral que gira hacia nosotros debe cambiar de sentido para ser una espiral en salida hacia los demás, para hacer de nuestra vida una donación”. Finalmente, la limosna “es la actitud de misericordia hacia los pobres y necesitados, desde la convivencia más cotidiana con los que nos rodean hasta las grandes necesidades que el mundo padece”. De tal forma que el obispo asegura que “no podemos desentendernos, sino debemos salir al paso como el buen samaritano”.
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