"Hoy no se puede ser seguidor de Cristo sin ser políticamente incorrecto"


La llegada de la inminente Cuaresma ha tenido un brillante prólogo en Scala Coeli, de la mano del sacerdote y canónigo de la Catedral de Córdoba, Antonio Gil. Éste ha regalado a los presentes una profunda exaltación a San Álvaro, articulada a través de siete miradas. Entre las mismas ha brillado el mensaje dirigido a las cofradías, a las que ha enfatizado que suponen un gran nexo de unión y no pueden olvidar que su “verdadero hermano mayor es Cristo”. El acto ha contado con una nutrida representación de autoridades, entre las que se hallaban el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado; el representante del Partido Popular en Diputación Provincial, Andrés Lorite; o los expresidentes de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Juan B. Villalba y Rafael Zafra.
Antonio Gil./Foto: Jesús Caparrós Cristo
Antonio Gil./Foto: Jesús Caparrós

“Antonio Gil tiene la virtud de reunir a tantos amigos que se entregan a Córdoba”, ha comenzado resaltando del exaltador Primo Jurado. Este último ha repasado su extensa trayectoria como sacerdote y periodista. “Quiero remarcar su vinculación con las hermandades cordobesas”, ha proseguido para profundizar en la labor realizada con las cuatro cofradías de San Lorenzo, “la Catedral de los pobres”. No ha pasado por alto su papel como consiliario de la Agrupación o el cargo actual que ostenta en la hermandad de Linares. “Antonio conoce el alma de Córdoba”, ha concluido.
El canónigo y periodista ha comenzado su intervención con la métrica de un poema de Gabriel Iganal. “A Dios no se va muriendo, sino por la escala de la Cruz”. La exaltación se ha compuesto de siete miradas a San Álvaro, que han sido la analogía de los siete sacramentos. La primera de las mismas ha estado dedicada al convento de Scala Coeli, mientras que la segunda ha ido dirigida
a los padres dominicos, de los que ha recordado los 800 años de la fundación de la orden, así como las virtudes que los han caracterizado a lo largo de su historia.
La tercera reflexión se ha centrado en la hermandad de San Álvaro, que otorga a esta devoción calor cofradiero y romero. “La romería es canción y plegaria”, ha afirmado. Esta idea ha servido a Gil para enlazar con la cuarta mirada. la cual ha puesto el acento en la Agrupación de Hermandades y Cofradías, que es “el escudo de protección porque nació para unir”. En consecuencia, ha explicado que las corporaciones suponen un gran nexo de unión para la Iglesia y la sociedad, por lo que no pueden olvidar que su “verdadero hermano mayor es Cristo”.
El mundo de hoy ha ocupado la quinta reflexión del canónigo. Éste encuentra su atalaya en el Monte Calvario, con la Cruz, que “convierte en resucitados a todos los crucificados de la historia”. La penúltima mirada ha estado dirigida a San Álvaro, del que ha recordado su extraordinaria biografía. De ésta ha subrayado que el dominico “trae grabado en su alma la tipografía de Jerusalén”. Un recordatorio de sus vivencias que ha mostrado la dimensión e importancia que para Córdoba y la Iglesia universal posee.
Finalmente, la séptima mirada ha culminado en el Cristo de San Álvaro y su vía crucis. Esta es su obra más significativa, ya que el santo quiso reproducir la Vía Sacra de Jerusalén. Por ello, ha concluido que el ejercicio piadoso que instauró en Córdoba “brilla como una llamada ardiente a las conciencias. Hoy no se puede ser seguidor de Cristo sin ser políticamente incorrecto”. Pues su mensaje se enfrenta a una sociedad rota a la que se debe llevar esperanza.

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