Cursillos mantiene un mensaje muy actual


La celebración de la hora apostólica del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba en la parroquia de la Trinidad deja una reflexión análoga sobre la conversión de San Pablo

Un mensaje que no caduca y que sirve para mostrar que la realidad del Evangelio sigue dotada de actualizada. Esta era una de las notas que han marcado la celebración de la hora apostólica del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba (MCC), desarrollada en la iglesia de la Trinidad. Así, de la mano del párroco, José Juan Jiménez Güeto, los cursillistas han podido profundizar en el texto bíblico que relata la conversión de San Pablo y que muestra analogías evidentes con el quehacer diario del creyente.

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Celebración de la hora apostólica de MCC en la Trinidad./Foto: LVC

La monición de entrada y la exposición del Santísimo daban paso a la lectura del Salmo 63 y el canto de las antífonas, que invitaban a la reflexión y la búsqueda interior. “Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén. Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: ‘Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?’ El respondió: ‘¿Quién eres, Señor?’ Y él: ‘Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer’. Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco”. Esa lectura del capítulo noveno de los Hechos de los Apóstoles servía para iniciar la meditación final de Jiménez Güeto, marcada por el espíritu paulo que define a esta realidad de la Iglesia.
“Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: ‘Ananías’. El respondió: Aquí estoy, Señor’. Y el Señor: ‘Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo
y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista’. Respondió Ananías: ‘Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre’. El Señor le contestó: ‘Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre’. La actitud de Ananías, “en la que debemos insistir más allá de ese primer estadío de obediencia” (“fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo”); y la respuesta de San Pablo traída al presente (“Saulo se crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrándoles que aquél era el Cristo) marcaban el mensaje del párroco. Éste animaba a llevar a Cristo, especialmente, a quienes viven alejados, enfrentados a él, así como a que ningún cristiano sienta vergüenza de su credo, pues el mismo es el valor fundamental de la vida diaria y los cursillistas son transmisores de esta esperanza.

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