No se puede servir a Dios y al dinero


La reflexión que el obispo realiza en su carta semanal profundiza en la imposibilidad de servir a dos amos y en la necesidad de confiar en la Providencia

No podéis servir a Dios y al dinero. Bajo este título, la reflexión, que el obispo realiza en su carta semanal, profundiza en la imposibilidad de “servir a dos amos”, así como en la necesidad de confiar en la Providencia. Y es que “la persona humana se siente débil y se agarra al dinero como si eso le diera seguridad y fortaleza”. Por ello, el prelado advierte de que “la avaricia es insaciable, piensa que cuanto más tenga, mejor, y nunca está satisfecha”.
obispo. Dios
El obispo, Demetrio Fernández, en un acto cofrade./Foto: LVC

En el comienzo de su misiva, además de recordar el mensaje paulino, Demetrio Fernández pone como ejemplo de estos peligros “los casos de grandes corrupciones, que casi todos los días aparecen en las noticias: desfalcos, apropiación del dinero público, que es de todos, negocios sucios donde se gana mucho dinero en poco tiempo, pelotazos de todo tipo”. En consecuencia, asegura que “la corrupción se ha generalizado, se ha hecho universal”. Ello implica la necesidad de poner de relieve la sutileza de “las pequeñas corrupciones de diario y de la gente de a pie: economía sumergida, que elude los impuestos y la contribución al bienestar social, facturas sin IVA, trabajo sin darse de alta, etc. Todo ello tiene de común el fraude para tener más dinero”.
El obispo anima, por tanto, a depositar la confianza en la Providencia para dejarse guiar por ella, ya que “cuando desconfiamos de la Providencia de Dios es como si un niño pequeño estuviera preocupado por llegar a fin de mes; sus padres le dirían, ¿no estamos aquí nosotros para cuidarte? Pues eso nos pasa muchas veces con Dios, nos fiamos más de nuestra previsión que de Dios, y por eso tantas cosas no salen”. Por tanto, el prelado explica que “a Dios le gusta mostrarse como padre, y si uno confía en él, constata realmente maravillas en su vida”. Sin embargo, no deja de incidir en que “hay que ponerle en situación extrema y hemos de ponernos nosotros en situación límite de confianza en él. Entonces, él actúa y se luce como Dios providente”. Afirmaciones que, finalmente, se corroboran “leyendo la vida de los santos, suele chocarnos esa confianza sin límite en la Providencia de Dios, que Jesús vivía cotidianamente”.

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