La primera gitana en ser beatificada contará con la presencia del obispo


Emilia Fernández Rodríguez murió después de dar a luz en la cárcel almeriense de Gachas Colorás, tras no querer delatar quién era su catequista

El Palacio de Exposiciones y Congresos de Aguadulce acogerá la beatificación de 115 mártires almerienses, cuyo sacrificio se realizó durante la Guerra Civil. Entre los mismos se halla la mujer de raza gitana Emilia Fernández Rodríguez, quien murió en la cárcel almeriense de Gachas Colorás, después de dar a luz en un colchón, por las hemorragias sufridas durante un parto en el que no recibió atención de ningún tipo. La ceremonia que se llevará a cabo 25 de marzo, a las 11:00, contará con la presencia del obispo de Córdoba.

Recreación de Emilia Fernández. gitana
Recreación de Emilia Fernández./Foto: Diócesis de Almería

El Decreto del Papa que promulgaba la causa de beatificación se emitía en junio de 2016. Entre el más de centenar de mártires que serán elevados en esta celebración, se encuentra el que fuera deán de la Catedral de Almería, José Álvarez-Benavides y de la Torre. La presencia de Fernández destaca porque se trata de la primera mujer de etnia gitana en convertirse en beata. Y ello por negarse a revelar quién le enseñó a rezar el rosario.
Emilia Fernández Rodríguez
Nacida y bautizada en la parroquia de Santa María de Tíjola el 13 de abril de 1914 y fallecida el 25 de enero de 1939, la apodaron La Canastera porque desde niña fabricaba cestos de mimbre que su familia vendía para ganarse la vida. En 1938, a los 24 años de edad, se casó por el rito gitano con Juan Cortés, quien quiso eludir el servicio militar para no tener que ir al frente y ella le ayudó echándole en los ojos un líquido utilizado para sulfatar los campos; algo que tenía previsto dejarle ciego durante unos días. Cuando la Guardia Civil descubrió la trampa detuvo a la pareja y los envió a la cárcel, estando ella embarazada de dos meses. Entre rejas coincidió con más de 300 mujeres católicas con quienes rezaba el rosario cada tarde. Cuando la directora del centro lo descubrió, intentó que La Canastera revelara quién era su catequista y al negarse, fue encerrada en una celda de aislamiento. Aunque en varias ocasiones pidió al gobernador civil que se apiadara de su situación, nunca obtuvo respuesta. Por ello, dio a luz encima de un colchón de esparto y sin ninguna atención médica, lo que le provocó grandes hemorragias que le produjeron la muerte. Un sacrificio en nombre de la fe que ahora la convertirá en la primera gitana beatificada de la historia.

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