Una muerte heroica y una vida ejemplar


El Hogar de Nazaret presenta un documental sobre la vida del misionero Pedro Manuel Salado, que murió a los 43 años, tras salvar la vida de siete niños que habían sido arrastrados por el mar

El Hogar de Nazaret ha querido rendir homenaje al misionero Pedro Manuel Salado de Alba en el quinto aniversario de su fallecimiento. Éste murió a los 43 años de forma heroica, tras salvar la vida de siete niños que habían sido arrastrados por el mar en una playa cercana a la misión de Quinindé en Ecuador. Ahora, esta realidad eclesial ha presentado un documental que recoge el testimonio de su vida, su vocación y el testimonio de una trayectoria ejemplar.

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Pedro Manuel Salado./Foto: Hogar Nazaret

Pedro Manuel Salado nació en Chiclana (Cádiz), el 1 de enero de 1968, en el seno de una familia cristiana y era el tercero de seis hermanos. En su localidad natal conoce el Hogar de Nazaret y se entrega a las labores de voluntariado. En 1998 llega a Córdoba para iniciar su formación en el seno de esta familia eclesial. Dos años más tarde, Salado realiza su primera consagración y lleva a cabo labores pastorales y administrativas. Muy querido por su comunidad, todos lo veían como alguien cercano con quien poder contar, siempre estuvo cerca de los que lo necesitaron, como demostró con su fallecimiento. En 1998 llegó a la misión de Quinindé, en Ecuador. Una de las provincias más pobres del país latinoamericano, a esa labor se entregó por completo. El amor de Salado hacia los más necesitados, además de los niños a los que atendía, lo demostró en cada momento de su vida. Decía que tenía pies de pobre, como se explica en el documental, donde también se narran anécdotas como la de ver un coche averiado en la carretera y detenerse a ayudar a arreglarlo porque había una anciana dentro.
El domingo 5 de febrero del año 2012, día en que numerosas diócesis españolas y mundiales celebraban la vida consagrada, la comunidad misionera de Hogar de Nazaret y, entre ellos Salado, estaban pasando el día en la playa de Atacames. Era un día tranquilo en que los niños disfrutaban del agua. Las hermanas estaban preparando la comida en una casa, mientras el misionero se había quedado en la orilla, velando por los niños. De repente, por pequeño maremoto o movimiento de tierra, el mar se alteró y la marea arrastraba a un grupo de niños. Salado se tiró al agua y tuvo que salvar, uno a uno, a los siete niños en una lucha titánica. De hecho, al rescatar a uno de ellos tuvo que hacerlo nuevamente porque el pequeño, al salir del agua se volvió a meter para rescatar a una de sus compañeras. Alguien acercó una tabla de surf y el hermano de Nazaret puso en la tabla a los dos últimos niños. Luego lo consiguieron acercar hasta la orilla “y una de las hermanas le dijo: ¡Pedro Manuel, los has salvado a todos! Abrió por última vez los ojos y expiró”, narra el responsable del Hogar de Nazaret en Córdoba, Manuel Jiménez.
Un recuerdo muy presente
El acto de presentación del documental sobre la vocación misionera de Pedro Manuel Salado y su labor en Córdoba y en Ecuador se llevó a cabo en el salón de actos del Palacio Episcopal ante el obispo, la directora de la rama femenina del Hogar de Nazaret, Consuelo Csanady y el responsable en Córdoba del Hogar de Nazaret, Manuel Jiménez. A continuación, todos los asistentes se trasladaron hasta la Catedral para participar en la misa dominical y dar gracias a Dios por el testimonio de este misionero. Allí el prelado afirmó que “un ejemplo así nos anima a vivir nuestra vocación como una misión, la misión de dar la vida” y habló concretamente de la misión de los hogares de Nazaret que consiste en “gastar la vida por esos hogares, por esos niños pobres, necesitados” y puso el acento sobre “cuántos niños a estas alturas ya son adultos gracias a vuestra generosidad, a vuestra entrega y a vuestro cuidado, y esa es una luz”.

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