Ángel Muñoz: "La cuadrilla de las Angustias sabe andar en los momentos malos"


Hermano desde la infancia y costalero durante un cuarto de siglo, la devoción de Ángel Muñoz a la Virgen de las Angustias está fuera de toda duda. Sus conocimientos técnicos del mundo del costal, tanto bajo las trabajaderas como acompañando a Luis Miguel Carrión en su equipo de auxiliares, unidos a la trayectoria en la cofradía de San Agustín lo llevaron, en 2016, a ser designado máximo responsable de una cuadrilla de la que destaca que “sabe lo que tiene que hacer en los momentos malos”.

Ángel Muñoz, durante la "igualá"./Foto: Hermandad de las Angustias
Ángel Muñoz, durante la “igualá”./Foto: Hermandad de las Angustias

Muñoz destaca sobre la experiencia del año pasado que “pese a los problemas que tuvimos para ensayar con las obras de la plaza, y la lluvia, tras analizar después del Jueves Santo los vídeos, estoy satisfecho”. En ese sentido, el capataz destaca “durante la estación de penitencia hay ciertos matices que no aprecias porque estas pendiente de otros detalles”, por lo que “analizar detenidamente las imágenes te ayuda a mejorar”. Por tanto, su conclusión es muy positiva y no duda en poner de relieve que “la cuadrilla de las Angustias demostró lo que es y, cuando llegó la salida conocían lo que tenían que hacer y lo hicieron. No se vienen abajo y, en los momentos malos, saben andar y comportarse como costaleros”. Otra de las notas que definen al grupo humano es que es “estable y no se producen grandes oscilaciones de un año a otro”.
Muñoz ha sido costalero del imponente grupo escultórico que realizara Juan de Mesa durante dos décadas. De dicha faceta enfatiza que “el costalero tiene que ser obediente, respetuoso, responsable y fiel. Creo que son las características que debe poseer y, en este caso, los costaleros de las Angustias son así”. Sobre la labor que desempeña en la actualidad explica que “el cargo de capataz contiene todas las características del costalero, pero engloba una gran responsabilidad”. A ello repone, además, que “sobre ti recae lo más preciado que tiene la cofradía y te obliga a trabajar con un numeroso grupo humano, por lo que no se puede ser muy temperamental porque cada costalero tiene una forma de ser”.
Los grandes momentos vividos debajo y fuera de las trabajaderas han sido muchos. De los mismos Muñoz recuerda que, como costalero, “el año que bajamos a San Agustín, no por el hecho en sí ya que mi familia es del barrio y soy de las Angustias por mi abuela y por mi madre, pero me trajo muchos recuerdos”. A esos y otros instantes acontecidos en 25 años añade el que “salimos de San Pablo 36 costaleros y regresamos 32. Me sentí muy orgulloso y creo que esos momentos también unen porque da muestra de un espíritu de sacrificio que, en este bendito oficio, se está perdiendo”. Y como capataz confiesa que fue “la primera chicotá dentro de la iglesia, cuando vi cumplido el sueño de ser capataz de mi cofradía”. Otro instante de esa estación de penitencia al frente de la cuadrilla que Muñoz remarca sucedió en la plaza de las Tendillas “y vi a mi familia, a mi madre, mi mujer y mis hijos. Fueron momentos muy emotivos y, además, dio la casualidad de que ese día era el cumpleaños de mi hija pequeña”. Finalmente, con respecto a un propósito para el próximo Jueves Santo, Muñoz expresa que la cuadrilla, a la que define con un nivel alto y sin grandes oscilaciones, “se siga adaptando al cambio a cornetas”. Así, reconoce que es “muy exigente y, como mínimo, espero que mantengamos el nivel del año pasado”.

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