La orquesta de la Catedral inicia su camino hacia el Vaticano


La actuación de la orquesta y coro de la Catedral de Córdoba en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad puede calificarse de rotundo éxito. La formación que dirige Clemente Mata ha regalado una cuidada interpretación, cuyo repertorio ha incluido piezas de Caccini, Frisina, Bach, Mozart o Morricone. Todo ello ante un aforo repleto que ha dado cuenta de la otra vertiente de este concierto, la solidaria, ya que los beneficios recaudados depararán en la obra social del Cabildo Catedralicio. Al acto ha asistido una representación de la institución capitular, encabezada por el deán-presidente, Manuel Pérez Moya, el chantre, Antonio Murillo y el arcediano, Fernando Cruz-Conde.

Un instante del concierto de la orquesta y coro de la Catedral./Foto: Jesús Caparrós
Un instante del concierto de la orquesta y coro de la Catedral./Foto: Jesús Caparrós

Horas antes de que el Regina Coeli de Mozart abriese una noche inolvidable, el director de la formación catedralicia subrayaba que “este concierto es el comienzo de una gira que concluirá el próximo octubre con diversas actuaciones en Ciudad del Vaticano“. La ilusión y la responsabilidad se desprendían en las palabras con que Mata asumía el debut, tras la publicación del primer disco, Te Deum, la música de la Catedral de Córdoba. Éste no dudaba en señalar que es un “verdadero gozo el poder interpretar esta música Sagrada y llena de espiritualidad”. De la misma destacaba “que nos ayuda a acercarnos al misterio de Dios y a su belleza, a través de la interpretación musical que sale desde lo más hondo del corazón humano, que es templo de toda divinidad y la cual nos ayuda ha experimentar un encuentro sincero con ese Misterio De Dios”.
Desde el Ave María de Caccini hasta el Ave María Guaraní de Morricone, el salón Liceo se ha vestido con las galas de las grandes ocasiones, de los pregones que precedieron al Gran Teatro, donde García Baena construyó su Retablo de las Cofradías. Y que, por medio de este concierto, la voz, la cuerda y el metal han brillado para elevar la música hacia Dios y participar de un misterio inaccesible, pero que la melodía acaricia cuando se eleva por encima del genio del hombre. La orquesta y el coro de la Catedral de Córdoba así lo ha hecho. Todo a través de piezas que resuenan con fuerza en el inicio de un camino que culminará en el propio Vaticano.

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