Javier Menéndez: “Vale tanto la sangre belga, francesa o turca como la de Yemen o Paquistán”

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En la siguiente entrevista, el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España analiza la situación de los cristianos perseguidos por todo el mundo, con preocupación

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Javier Menéndez./Foto: Jesús Caparrós

“A su padre le dieron un tiro en la sien, a sus dos hijos pequeños los quemaron vivos, murió también quemada su mujer, su hermana, prácticamente toda su familia. Que te cuente un padre como han hecho eso a su familia por odio, de viva voz, y cómo no es capaz de entender, quiere justicia y perdonar, pero le cuesta de forma tremenda, me conmovió muchísimo”. Éste y otros testimonios se recogen en la siguiente entrevista, donde el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España (AIN), Javier Menéndez, analiza la situación de los cristianos perseguidos por todo el mundo, su forma de enfrentar la vida o la ayuda que presta su institución.
-¿Cómo llega a ser director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España?
-En mi caso llevaba 20 años trabajando para diferentes empresas multinacionales y siempre había querido trabajar para la Iglesia, para una institución de caridad, de misión. Surgió la oportunidad porque se jubilaba el director anterior. Me eligieron y encantado de estar aquí trabajando, donde puedo realizar una formación profesional determinada y aplicarlo con mucha seriedad en una institución de la Iglesia.
-¿Hubo mucho de renuncia en ese cambio de la empresa privada?
-Evidentemente, en todos los términos no es lo mismo (risas). No es igual en aspectos económicos o forma de trabajar, pero tampoco lo es en la compensación persona que tiene. Cuando trabajas para algo que toda tu vida has deseado, como es el caso de AIN, te sientes realizado. Esa es la diferencia fundamental que compensa todas las demás.
-Cuando tenía 18 años perdió a un hermano ¿De qué manera afecta en la trayectoria personal?
-Ante fenómenos como el dolor, la enfermedad o la muerte hay dos formas de enfocarlo, desde no entender nada hasta darle un sentido. Nosotros los cristianos lo entendemos, aunque a veces nos rebelemos cuando nos toca alguien cercano. Pero si de verdad vives tu fe, le das un sentido distinto. Todos en mi familia cuando murió mi hermano lo vimos como la voluntad divina. En aquel momento pensamos, ¿qué mensaje nos está transmitiendo Dios? Y estaba enviando muchos, que se llevaba el fruto más precioso de esta familia, pero que había a su vez dio muchísimos frutos, personas que encontraron su vocación como sacerdotes o monjas, o que les ha servido de inspiración matrimonial y a toda la congregación mariana de la que él formaba parte la reforzó. Para nosotros ha sido una alegría comprobar como Dios, de un hecho dolorosísimo, sacó tantas cosas.
-En la institución para la que trabaja se centran en los casos de persecución religiosa ¿Cómo afrontan los cristianos esa situación?
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Javier Menéndez./Foto: Jesús Caparrós

-De los países que he visitado, que son bastantes, la verdad es que lo llevan de forma admirable. Lo primero que te sorprende es cómo llevan su vida con normalidad. Estamos hablando de lugares como Irak, Pakistán o Egipo, que son comunidades muy perseguidas. Y lo hacen dando testimonio de lo que son. Y, además, lo que más llama la atención es su alegría y piensas ¡Esto no viene del ser humano, tiene que venir de Dios! Otro aspecto que me impresiona es su valentía. Ellos saben que, por ejemplo, un acto como ir a misa les hace objetivo de un atentado y no dejan de hacerlo. También mantienen un compromiso muy grande con su fe, lo que les hace ser mucho más fuertes. Su visión de la muerte del riesgo no tiene nada que ver con lo que nosotros pensamos. En un mundo lleno de inseguridades ellos albergan la seguridad de la fe.
-¿Se puede hablar de testimonio de santidad?
-En muchos casos sí. Primero la santidad de los mártires y están, con sus pocos medios, muy cerca de Dios.
-Para quién no relacione el sudeste asiático con la situación que se vive allí ¿Qué explicaría?
-Llama la atención porque, en general, tenemos una imagen de la India como un país idílico. Lo que sucede es que cuando hay una religión hegemónica, sea la que sea, se entiende como única, dominante, que tiene que imponerse y no admites la conversión a otra que no sea la tuya. Es un peligro que han tenido todas las religiones a lo largo de la historia y el hinduismo no está exento. Los hechos ocurridos en la región de Orissa en 2006 fueron muy graves y, precisamente, la región donde la persecución fue más fuerte es donde surgieron más vocaciones religiosas, donde más perdón han encontrado. Es otro de los fenómenos que solo se explican desde la fe cristiana.
-En dos años la persecución religiosa ha subido en 134 millones de personas. Qué perspectiva hay para los próximos.
-Mucha preocupación, sobre todo, por el islamismo radical. Si se sigue produciendo este fenómeno de atracción, hacia personas que viven en la pobreza, el paro, la injusticia o la explotación es un caldo de cultivo ideal en África, Oriente Medio y Asia. Un peligro evidente.
-¿Qué soluciones se pueden adoptar?
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Javier Menéndez./Foto: Jesús Caparrós

-Distintas, que son lentas y no inmediatas, ni de fácil aplicación. Me parece fundamental que el mundo islámico se comprometa muchísimo más y se realice una condena explícita de la violencia por parte de los líderes musulmanes. Se ha producido, pero no con la fuerza ni con la extensión que debiera. Se deberían controlar más en occidente las mezquitas como centros de formación. Una cosa es la libertad religiosa y otra es fomentar la violencia. Si estás en un país donde la libertad religiosa es un derecho fundamental, ésta debe ser respetada por todas las confesiones. Jugáis un papel muy importante también los medios de comunicación, contando la verdad. Y siendo lo más objetivos posibles, no solo cuando ocurra en París, Bruselas o Estambul, sino cuando ocurren en países de los que nadie habla. Te pasan en una universidad en Kenia, en Yemen o en Egipto. Los medios tenéis un papel en el que hay que darle la importancia que tienen. Vale tanto la sangre belga, francesa o turca como la de Yemen, Egipto o Paquistán. Además, hay pendiente una labor de concienciación ciudadana a nivel de organizaciones internacionales, Naciones Unidas o Unión Europea.
-Para quienes no conozcan a AIN, cómo la definirá.
-Es una institución de caridad, que en 2017 cumple 70 años. Nació para ayudar a refugiados que, al acabar la II Guerra Mundial, deambulaban por Europa del Este y surgió con un fin caritativo para dar de comer a las personas que no lo tenían. De hecho, la crisis de refugiados que ahora tenemos es solo comparable a la que hubo después de la segunda gran guerra. Estamos ante dos momentos puntuales en que, instituciones como la nuestra, tienen su máximo sentido. Ahora lo que hacemos es ayudar a construir iglesias, formar a los sacerdotes y religiosas, a sostenerles económicamente, a dar medios de locomoción a los misioneros, como una bicicleta, un burro o una barca. Un misionero lo es porque propaga la Palabra porque lo hace prestando su ayuda en la comunidad en que está inserto.
-De los países que ha visitado ¿Qué testimonio le ha impresionado más?
-En Pakistán me impresionó mucho cuando conocí a un padre de familia que me contó su historia y me llenó de un dolor tremendo. Se había celebrado una boda de un matrimonio cristiano, donde les tiraron papel de confeti, hecho con periódico. Dentro de uno de los recortes estaba el nombre de Alá. Como se lo tiraron a los novios y cayó al suelo, pues lo pisaron. Alguien lo descubrió y consideraron que había sido menospreciado por los cristianos. Fruto de eso fue una prédica en la oración del viernes en la mezquita y lanzaron a un montón de jóvenes exaltados a atacar un barrio cristiano. Las consecuencias para este hombre fueron que a su padre le dieron un tiro en la sien, a sus dos hijos pequeños los quemaron vivos, murió también quemada su mujer, su hermana, prácticamente toda su familia. Que te cuente un padre como han hecho eso a su familia por odio, de viva voz, y cómo no es capaz de entender, quiere justicia y perdonar, pero le cuesta de forma tremenda, pues me conmovió muchísimo.

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