Antonio Sánchez regala a la Paz un pregón, nacido del alma

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El joven cofrade de la corporación de Capuchinos emociona a los asistentes a la iglesia del Santo Ángel, con una declaración de amor a María Santísima de la Paz y Esperanza

Un joven cofrade, el coro de su hermandad, el templo lleno y las palabras comienzan a fluir. No ha sido un discurso cualquiera el que ha realizado Antonio Sánchez en la noche de este sábado en que finalizaba el triduo a la Virgen de la Paz y Esperanza y que, antes del día de la solemnidad, aún restaban las emocionantes palabras de su exaltador. El mismo que ha realizado una auténtica declaración de amor a la titular mariana que, en los próximos años, será coronada. Todo ello con la actuación del coro que lleva el nombre de la imagen que gubiara Juan Martínez Cerrillo.

Sánchez
Iglesia del Santo Ángel./Foto: Jesús Caparrós

La iglesia conventual del Santo Ángel ha vuelto a mostrar, por cuarta vez esta semana, la verdadera dimensión que mantienen las cofradías, con las bancas repletas de fieles. El último día de triduo y la exaltación a la Virgen de la Paz y Esperanza no desmerecieron a una concurrencia que también llenó el templo conventual en las jornadas cultuales precedentes. También como sucedió el día de su onomástica, con la visita del obispo y el inicio del camino más ilusionante, el que llevará a la coronación canónica de María Santísima. Un camino que se recorre en noches como la de este sábado 28 de enero, cuando las palabras han llegado a la garganta de Antonio Sánchez, salidas de lo más profundo de su alma, enamorada de la Virgen de la Paz.
En su poblado altar de cera, la madre observaba a su hijo cantarle unos versos que han emocionado a los presentes. La candelería efímera, que llegada la tarde del último domingo de enero será parte del recuerdo, ha encendido la voz de Sánchez para narrar, declamar y cantar una historia personal, que ya forma parte de las vidas de quienes se han dejado prendar de la verdad que el pregonero ha sabido transmitir. Los sentimientos, el corazón entregado desde un atril que mira más allá de la cuaresma, a la Virgen que pronto será coronada.

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