“He visto a gente entrar al templo y ponerse a llorar, abrazando a quien le acompaña”


Los responsables de seguridad del Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba, Manuel Fontiveros y Rafael Iglesias, explican diversos aspectos de sus funciones

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Manuel Fontiveros y Rafael Iglesias./Foto: José I. Aguilera

Su trabajo implica que pasen desapercibidos por el templo. Una invisibilidad que, sin embargo, es parte de un perfil que implica velar por la seguridad tanto de los visitantes como de los fieles que acuden al Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba. “Nuestro trabajo es muy bonito a todos los niveles”, coinciden Rafael Iglesias y Manuel Fontiveros. Tampoco olvidan su labor de coordinación con las fuerzas de seguridad del estado, la cual es permanente y van desgranando en qué consiste la importante labor que realiza la plantilla que trabaja en uno de los espacios más singulares del planeta.
Manuel Fontiveros explica un aspecto que, por pasar generalmente desapercibido, no deja de tener su importancia. Y es que el conjunto monumental permanece abierto, en los horarios estipulados, los 365 días del año. “En los años que llevo trabajando aquí, todavía no ha habido ningún retraso en la apertura”, afirma Fontiveros. Éste detalla el número total de empleados, 34, que se ocupan de las labores de seguridad, venta de tickets, torre-campanario y atención a las visitas nocturnas de El alma de Córdoba. Así, el día a día del personal de seguridad de la Mezquita-Catedral comienza a las 08:30, cuando se abre para la visita gratuita, que no es de carácter turístico y no hay grupos ni guías. Este espacio se prolonga hasta las 09:20, cuando se comienza a preparar la misa diaria, 09:30, en cuyo transcurso solo se puede acceder al templo para la celebración litúrgica. A las 10:00 se abren las taquillas y comienza el acceso de los visitantes que se prolonga hasta las 18:00 en invierno y las 19:00 en verano.
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Foto: José I. Aguilera

La plantilla que se ocupa de la seguridad del templo tiene como denominador común dos características, experiencia y estabilidad. Así lo resaltan los dos responsables y señalan como los trabajadores conocen, porque han sido testigos, la evolución que ha experimentado el edificio a lo largo de estos años. Por ello, Iglesias destaca la profesionalidad de una plantilla cuyos miembros deben tener un perfil muy determinado “para poder asistir a los participantes en las misas”. De tal manera que destaca que “es un servicio bastante diferente a otros. Hay que tener un tacto especial”.
La parte más compleja del trabajo, como expone Rafael Iglesias, “está compartida puesto que cada uno debe conocer, al cien por cien, la labor del otro”. Ello se explica porque Fontiveros e Iglesias cubren sus respectivos puestos cuando se producen los descansos, por ejemplo, y el espacio monumental requiere de una persona que, de forma permanente, conozca todos los aspectos que en esta parcela, se precisan. Por ello, Fontiveros destaca que “el aspecto clave es la información mutua entre los dos” responsables.
Los eventos que acoge el templo son muy variados y entre los más complejos, por la cantidad de personas que se congregan, los responsables de seguridad destacan la Semana Santa, la Noche Blanca y otras concentraciones con mucho público que requieren una mayor atención, si cabe. Por ello, ambos coinciden en que “se preparan con bastante tiempo. Aunque a veces hay que improvisar, se realizan previsiones en función de la época del año, sobre todo, de cara a temporada alta”. Pese a la gran cantidad de visitas que recibe la Mezquita-Catedral, Fontiveros e Iglesias ponen de relieve que las incidencias son mínimas y de escasa importancia.
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Foto: José I. Aguilera

“Las visitas que recibe el templo están aún en la curva ascendete. Y uno de los motivos es que este edificio ofrece un abanico de horas muy amplio y no se finaliza la venta de tickets cuando se llega a un número determinado, a diferencia de otros enclaves”, subraya Iglesias. El mismo explica que de los alicientes que posee el monumento se beneficia toda la ciudad. Al hilo de ello, Fontiveros explica la anécdota de que, en Navidad, llegaron turistas que no pudieron visitar la Alahambra porque estaba saturada y “esto no ocurre aquí nunca”.
La amplia trayectoria de los responsables de seguridad les hace valorar momentos muy especiales, vividos entre el bosque de columnas de uno de los templos más singulares del mundo. Uno de ellos fue la misa funeral por el alma de San Juan Pablo II. “me impactó la cantidad de gente que participó en esa celebración”, confiesa Iglesias. La visita de algunos dirigentes mundiales, la de Felipe VI para inaugurar El alma de Córdoba o la actuación de la soprano Montserrat caballé son otros de los grandes instantes de los que ambos han sido testigos.
Finalmente, requeridos por lo que explicarían a quienes no hayan visitado el templo, Manuel Fontiveros “destacaría del templo todo, desde los muros de la fachada hasta cualquier punto del interior. Hay mucha gente a la que, cuando atraviesa el umbral de la puerta de visitantes y ve el bosque de columnas, se quedan profundamente impactados”. Ambos coinciden en que el edificio debe ser visitado con tranquilidad, sin prisas. Por su parte, Rafael Iglesias narra como “he visto a gente llorar al entrar y abrazar a quien le acompaña”.

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