Federico Jiménez descubre al candelario que no puede disfrutar de la Virgen en la calle


El capataz de la hermandad del Huerto realiza una emotiva exaltación a la Virgen de la Candelaria e impresiona con las vivencias de varias décadas como miembro de la cofradía

¿Federico Jiménez no puede disfrutar de la Virgen en la calle? Las obligaciones del capataz en el seno de la corporación invitan a pensar que no es posible. Sin embargo, no es del todo cierto, ya que como ha explicado, “todos los años, cuando el Señor del Huerto y el Amarrado entran en San Francisco, vamos a ver a la Virgen al Compás y el capataz se acuerda de mí y me regala una chicotá con sus angelitos”. Una relación personal, de toda la vida y a diario, la que Jiménez ha mantenido con la titular mariana de la cofradía.

Federico Jiménez./Foto: Jesús Caparrós
Federico Jiménez./Foto: Jesús Caparrós

El acto celebrado en la noche de este viernes en el templo de la Ajerquía ha congregado al presente, futuro e historia viva de la cofradía. Y en las palabras del exaltador han quedado reflejadas un buen número de vivencias, sostenidas durante las cuatro décadas en que Jiménez lleva perteneciendo a la nómina de hermanos del Huerto. Cofradía en la que conoció a la que es su mujer. Hermandad donde ha crecido junto a su presentador, Luis Miguel Carrión, Curro, quien ha tenido hacia el exaltador hermosas palabras que eran correspondidas por éste, al que ha considerado su hermano, aunque no lo sea de sangre. Corporación donde ha quedado patente que, además de guiar a la cuadrilla del misterio de la Oración, ha participado de forma muy activa en distintas parcelas de la corporación. Anécdotas, momentos íntimos y situaciones irrepetibles se han sucedido en sus palabras.
La cercanía del exaltador con su venerada Virgen queda de manifiesto al conocer que, cuando la Virgen fue trasladada al taller del ya desaparecido Antonio Rubio, fue en el coche de Jiménez. Una proximidad que queda patente cada año en el rosario de la aurora, pero también en los recuerdos que se inmortalizan en su memoria, de domingos de ramos de otra época. Un pregón basado en la experiencia, en el que ha predominado el sentimiento sincero de quien siempre ha estado ahí, junto a ella, como el candelario que no puede disfrutar de la Virgen en la calle, un solo día al año. El mismo que ha premiado a María Santísima con las palabras que brotan llenas de sinceridad.

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